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El test de conducir endurece las sanciones para infractores

Manu Reina
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Los aspirantes que usen la tecnología recibirán una multa de 500 euros y no podrán presentarse durante seis meses

El test de conducir endurece las sanciones para infractores - Foto: Manu Reina

El permiso tipo B de conducir, conocido también como el carné común, es el más demandado por la ciudadanía, ya que da derecho a ponerse al volante de un vehículo. Un permiso que uno obtiene si consigue aprobar primero el examen teórico y después el práctico. Y, sin olvidar, que todo aspirante debe cumplir unos mínimos requisitos, como tener la mayoría de edad cumplida o demostrar las aptitudes psicofísicas necesarias.

Sin embargo, en el caso del examen teórico, como en cualquier prueba escrita, existen diferentes formas de intentar alcanzar el aprobado. Una correcta, estudiando, y otras fraudulentas, tratando de hacer trampa en la prueba final. Este segundo método, más habitual de lo que se cree, conlleva diferentes sanciones según el tipo de la infracción cometida, porque no solo se intenta aprobar con trucos tradicionales como mirar al compañero o recibir el típico chivatazo de otro aspirante. Que, por cierto, en estos casos, el infractor recibe el suspenso y es expulsado del aula, aunque tiene la oportunidad de presentarse en la siguiente convocatoria. No obstante, existen más fórmulas, que conllevan también un poco más de imaginación y desempeño. 

Aquí es donde entran en juego las nuevas tecnologías. Los aspirantes buscan pasar el examen «con auriculares y microcámaras que en los últimos años alcanzan un tamaño muy pequeño», explica el jefe provincial de Tráfico, Jacinto Vicente. Tienen una dimensión tan milimétrica que «resulta complicado percibir a simple vista e incluso cuando te acercas», asegura. 

Hasta la fecha quienes optaban por este método ilegal tampoco recibían ninguna sanción más allá del tradicional no apto en la prueba. Pero desde la entrada en vigor de la nueva Ley de Tráfico y Seguridad Vial, estas acciones pasan a notificarse como infracción administrativa. Ello conlleva, aparte del evidente suspenso, una multa de 500 euros y la prohibición de volver a presentarse al examen en un período de seis meses. «Esto va a permitir que uno se lo piense dos veces», afirma el examinador de la Jefatura de Tráfico de Cuenca, Vicente Agudo. 

Se intenta, de esta manera, evitar sobre todo el uso de las nuevas tecnologías, que cada vez se está perfeccionando más. Los auriculares, por ejemplo, son ahora muy reducidos, por lo que al introducirse en la oreja apenas pueden ser percibidos. Por su parte, las cámaras se ubican como botón, en el gorro e incluso «en la mascarilla que es la última gran sorpresa que nos hemos llevado», reconoce Vicente. 

Por todo ello, los examinadores tienen que estar en alerta durante la media hora del examen para controlar cualquier movimiento y sospecha. «Es habitual que una persona que tiene la hoja levantada frente a él, no rellena nada durante un tiempo. Pero, de repente, coge y empieza a responder rápidamente. Es ahí cuando da pie a que pensemos que está cometiendo una infracción», describe Jacinto Vicente. 

El problema con los tramposos es que los examinadores, reconocidos como funcionarios, no pueden cachear o intervenir directamente con el infractor, a no ser que el aspirante se delate y reconozca la infracción por iniciativa propia. En caso de negarse, son los agentes del Grupo de Investigación y Análisis de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil (GIAT) quienes actúan ya que sí que tienen autoridad para ello. 

cambio de identidad. Más allá de los mencionados existe otro tipo de engaño, pero su uso es menor: la usurpación de identidad, es decir, que una persona se haga pasar por otra en el examen. Un infracción que tiene una sanción más grave por estar tipificado como delito. 

Habitualmente esto se realiza a través de mafias a las que ciudadanos extranjeros, principalmente de origen marroquí o asiático, pagan «grandes cantidades de dinero para que otras personas aprueben el examen por ellos», explica el jefe provincial de Tráfico. La dificultad para detener a estos infractores es alta «ya que es complicado diferenciar en muchos casos a una persona de otra», detalla Vicente. Para llevar a cabo esta práctica, se suele falsificar el carné de identidad o directamente utilizar el documento identificativo de la otra persona, aprovechando el «parecido». 

El jefe provincial de Tráfico de Cuenca asegura que en 2002 se han descubierto cinco casos de uso de medios tecnológicos, pero ninguno de usurpación de identidad. El pasado año sorprendieron a siete personas con auriculares o microcámara y a dos personas haciéndose pasar por otra durante el examen teórico. Todo ello en las tres ubicaciones designadas para realizar examen como es la propia capital, Tarancón y Mota del Cuervo. 

Con la entrada en vigor de la nueva ley y con el endurecimiento de las sanciones se espera que el número de infracciones de estos casos se reduzca. Ya no solo en el permiso b, sino en todos los permisos de conducir. Aunque nunca uno puede bajar la guardia ante estos aspirantes que eligen la trampa a los codos para buscar el aprobado.