CARTA DEL DIRECTOR

Francisco Javier Martínez


Cuando la política entra, lo contamina todo

28/02/2021

El ser humano es un animal político. Partimos de esa premisa que es consustancial con la sociedad actual y, en parte, así nos va. Bélgica sobrevivió a cerca de 500 días -entre 2019 y 2020- sin su Gobierno federal y el país no se detuvo ni su economía sufrió una recesión ni se vino abajo socialmente, así que es un claro ejemplo de que la política es prescindible hasta cierto punto.
Si nos circunscribimos a nuestro territorio, la polémica surgió esta semana por la negativa de la Diputación Provincial a aprobar una moción presentada por la plataforma Pueblos con el tren para la revitalización de la línea de ferrocarril convencional entre Madrid y Valencia, a su paso por la provincia conquense. Las reivindicaciones de este colectivo son loables, ya que el tren cumple un fin social para un puñado de municipios que ven cómo año tras año pierden población debido al envejecimiento de sus habitantes y a la desaparición de los servicios básicos, como pueda ser el transporte público. El Pleno de la institución provincial rechazó la moción, presentada por el Partido Popular, con los votos en contra del PSOE y Cuenca Nos Une. La política volvió a convertirse en el ojo del huracán de un asunto que tiene que estar alejado del debate en las instituciones. Y es que cuando la política entra en cualquier asunto, todo queda contaminado y se consigue el efecto contrario al deseado por sus promotores. Y digo esto, porque la plataforma Pueblos con el tren tiene un tufillo partidista que hará que todas sus iniciativas sean desechadas o encuentren demasiados obstáculos para llegar a buen puerto. Es decir, está politizada y se convirtió en un instrumento político, más que en una plataforma ciudadana.
El ejemplo lo tenemos bien cerca, en Teruel. Toda España veía con simpatía el movimiento Teruel existe, hasta una multinacional protagonizó un spot publicitario para apoyarlo, pero fue entrar su representante en el Congreso de los Diputados y desinflarse. Incluso un sector de la población repudia este movimiento, antes civil, ahora político. Quedó contaminado para siempre.
La sociedad civil debe tener su lugar y caminar de forma independiente, sin políticos advenedizos que intenten pervertir el verdadero espíritu de los movimientos reivindicativos. El que un político enarbole la bandera de un movimiento civil supone que éste empiece a morir de alguna forma desde ese momento. La prueba está en la moción del PP rechazada -por cierto, hay que aclarar que las mociones no son de obligado cumplimiento, tan sólo un mera declaración de intenciones de las instituciones-.
Cuenca no está para servir intereses partidistas, Cuenca necesita que se abra un frente común para reivindicar un futuro mejor para esta tierra que, día a día, se apaga por la despoblación, la falta de oportunidades y el escaso tejido productivo. El Manifiesto por Cuenca es una iniciativa que aún pervive sin contaminación y puede ser un instrumento muy útil para la provincia, si entra en el juego político volveremos a presenciar la caída de otra iniciativa popular y no estamos para desaprovecharlas.