CRÓNICA POLÍTICA

Fermín Bocos

Periodista y escritor. Analista político


Juegos de poder

30/09/2020

Parece como que improvisa, pero no da puntada sin hilo. Pedro Sánchez tiene trazada una hoja de ruta en la que figura como primer objetivo la aprobación de los Presupuestos -si lo consigue, prácticamente se aseguraría la legislatura- y, como segundo horizonte, orientado a reforzar el primero, aspira a cerrar un pacto estable con Esquerra Republicana. Pacto que en función de los resultados de las próximas elecciones autonómicas catalanas -si la suma de ERC más PSC más los Comunes fuera mayoritaria- abriría la posibilidad de reeditar aquel "tripartito" que en su día aupó a José Montilla a la presidencia de la Generalitat.

En este ocasión, las encuestas apuntan a que ERC sería el partido más votado y, en consecuencia, suya sería la presidencia. Para llegar libre de trabas a ese escenario que podría concretarse a partir del mes de febrero -se habla del día siete como la fecha de los comicios-, la exigencia de los dirigentes de ERC se centra en lograr la excarcelación de Oriol Junqueras condenado por sedición a trece años de cárcel. La semana pasada el ministro de Justicia Juan Carlos Campo anuncio que estaba trabajando en la tramitación de los indultos que han solicitado algunos de los presos del procés y todo el mundo entendió que era un guiño a los independentistas cuyos votos se revelan imprescindibles para seguir adelante con los planes de Sánchez.

Pero el Gobierno quiere ir más allá en esa dirección .También del telar del ministro Campo se espera en breve la entrada en las Cortes de un proyecto de ley que modificaría -"a la baja"- las penas previstas en el Código Penal para los delitos de rebelión y sedición. Se habla de un tipo penal de cuatro años para éste último. De aprobarse en los términos que han trascendido, los presos condenados a penas superiores a los cuatro años se verían beneficiados automáticamente por el efecto retroactivo que apareja la ley. Lo cual equivaldría a una suerte de amnistía que es lo que vienen reclamando. En La Moncloa interpretan que con Junqueras y los demás presos en la calle, las tensiones se suavizarían.

Todo esto lleva su tiempo porque los trámites parlamentarios van a paso de buey pero Sánchez ya ha trasladado el mensaje y la otra parte, ahora con Pere Aragonés de negociador y como flamante cabeza en funciones de la Generalitat tras la marcha de Quim Torra, lo ha recibido bien. Sánchez está más cerca de alcanzar y amarrar el objetivo de su vida: la permanencia en el poder. Claro que en política siempre hay factores imprevistos y uno de ellos podría ser que en los comicios catalanes los partidos independentistas sumaran más votos que los constitucionalistas, ERC se olvidara del "tripartito" y volvieran a las andadas. Al vodevil del procés. Aquí no hay ideales, todo son juegos de poder.