DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


La pandemia como excusa

25/09/2020

Si no fuera por los 50.000 muertos, más de uno estaría celebrando en público la pandemia. No se descarta que en casa estén haciendo conjuros para que siga entre nosotros durante mucho tiempo. Cuanto peor, mejor. Es ahí donde se entiende la estrategia encarnada en el vicepresidente del Gobierno para dilapidar el armazón de nuestro Estado. Les da igual que se llame Monarquía o lo que toque. Hay que enterrar cualquier institución que sirva o haya servido para unir a los españoles. Baste una situación límite para tratar de agujerear aquello que no nos gusta. Si es el principal partido de la oposición, más todavía. «No volverán a formar parte del consejo de ministros de este país», clamaba esta semana Pablo Iglesias desde su escaño en el Congreso. Le faltó añadir: «Y si se aproximan a Moncloa, serán encarcelados, como hacen nuestros amigos con la oposición en otros países que ustedes bien conocen».
A Podemos no les gustan los toros, lo que tampoco sería ningún problema si fueran respetuosos con los gustos del vecino. Este deseo no se cumple. En el PSOE de Sánchez, salvo contadas excepciones -entre las que se encuentra Emiliano García-Page-, les cuesta reconocer la afición a la Fiesta. Lo de apoyarla ya es casi milagro. Con esos mimbres, están dejando que la tauromaquia se vaya hundiendo sola, arruinada por la crisis sanitaria, por la ausencia de ningún tipo de ayuda pública y también por el mal más nocivo de cualquier empresa: el enfrentamiento entre los distintos actores implicados.
Los profesionales del mundo del toro se han topado con Yolanda Díaz, una gallega con arrestos que quiere hacer carrera entre los suyos. De eso se ha dado cuenta muy pronto Irene Montero y no le está gustando nada que la ministra de Trabajo acapare más protagonismo que ella. Está por ver cómo acaba ese ataque de cuernos. ¿Con un móvil robado cuya tarjeta aparece después inutilizable? Para progresar entre tu parroquia siempre hay que ser extremo, porque lo de la ecuanimidad no se estila en la nueva política. Lo sabe bien la coruñesa y conoce dónde debe cargar la suerte y dónde desentenderse. Yolanda Díaz tiene muy claro que a los profesionales del toro hay que dejarles al margen de cualquier tipo de ayuda, aunque por ello haya que retorcer la ley o hacer una interpretación de parte completamente obscena. Por eso, les excluyó de las ayudas extraordinarias por desempleo destinadas a los artistas en la crisis del Covid. Lo denunció la Fundación del Toro de Lidia, un organismo que se sigue reivindicando como una herramienta útil y eficaz contra todos aquellos que quieren cargarse de un plumazo una parte importante de la cultura de España, y, ahora, el Defensor del Pueblo les ha dado la razón. El ministerio de Díaz ha hecho una interpretación «restrictiva y poco ortodoxa» del reparto de esas ayudas. Los argumentos del Defensor del Pueblo no son vinculantes y ahora será el propio Ministerio el que acepte o no la recomendación. Puestos a interpretar, encontrarán cualquier excusa nueva para continuar con la discriminación, como si los toreros, banderilleros y picadores no tuvieran ningún tipo de derecho laboral.
No hay que ser un astuto felino para saber que la ideología sectaria está primando frente a la legalidad. O acaba pronto esta pandemia, o al reguero de muertos se va a ir añadiendo una destrucción de instituciones básicas y de elementos propios de un país al que quieren ir troceando por donde más daño puede hacer a los que no piensan como ellos.