Semana Santa en casa

Leo Cortijo
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Con resignación, entereza y mucha tristeza la comunidad nazarena asume la situación y comprende el excepcional peso histórico de vivir una Pasión confinada en sus domicilios, lo nunca visto durante los últimos 80 años

Lucía y Juan José Acero

En los albores del confinamiento nacional, hace ya casi un mes, se convertía en oficial lo que durante los días previos era una premonición con una base muy fundada. Costaba creerlo, pero Cuenca, esa que respira olores semanasanteros durante las cuatro estaciones del año, se quedaba sin procesiones. Con resignación, entereza y mucha tristeza la comunidad nazarena asumió la medida y comprendió el excepcional peso histórico de vivir una Semana Santa en casa. Lo nunca visto en los últimos 80 años. Se dice pronto.

Esa muestra de coherencia y responsabilidad la ejemplifican a la perfección los protagonistas de esta historia. Ellos solo son un pequeño puñado de un ejército de fieles que mira al calendario, ve que son días santos y que por las calles de su ciudad no procesionan olivos ni calvarios; ni soledades, amarguras y esperanzas; ni nazarenos y crucificados. Ese cortejo ahora es interior, recogido, íntimo, personal...

Jesús Millán cree que «de nuestra Semana Santa no nos va a privar nadie, porque como católicos recordamos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús pero de otro modo». Con todo, apunta Sergio Álvaro, es «imposible» no sentir una mezcla de «tristeza y nostalgia» porque «lo que se sueña durante todo un año se expiró en un abrir y cerrar de ojos, y desde ese momento a uno le avasallan los recuerdos de años pasados». Resulta «peor todavía» en su caso, como nazareno del Jueves y del Viernes Santo, pues encadena la segunda suspensión consecutiva. Esta misma sensación de tristeza recorre el cuerpo de Lucía Acero, que esperaba estas fechas para rodearse de aquellos que comparten su misma pasión. El refugio lo encuentra en «la devoción y la fe» a su Imagen, consciente de que «la pandemia pasará y recuperaremos poco a poco la normalidad».

Raúl y Alberto PalaciosRaúl y Alberto Palacios

Nacho Monleón va un poco más allá todavía. Su ristra de calificativos para describir esta atípica Semana Santa parece no tener fin y todos caminan por un sendero de desasosiego: «Es una sensación muy rara, que no encuentra comparación, nunca antes vivida, indescriptible, demoledora y que deja un vacío muy profundo para el que no hay consuelo». «Ni siquiera se puede acudir a la iglesia a arropar a tu Imagen», termina.

Para Sara Díaz resulta «desolador» comparar, por ejemplo, el bullicio que se generó en la calle el Domingo de Ramos del año pasado y el «silencio triste» de éste. Si esta pesadilla no fuera real, ese día los hermanos Alberto y Raúl Palacios iban a ser banceros «por primera vez juntos» de La Borriquilla. Y es que el estado de alarma también trae bajo el brazo precisamente eso, ilusiones y sueños rotos. Como el de Jesús Serna, que esperaba con ansia estos días en los que uno de sus hijos, que trabaja en Málaga desde hace un par de años, vendría a Cuenca. Esa «cita obligada que teníamos en Semana Santa la hemos tenido que posponer». El regreso al hogar, como para muchos conquenses, tendrá que esperar. Pero llegará, eso es seguro.

Hasta entonces y durante esta particular Semana de Pasión, la comunidad nazarena se vuelca en la participación, desde casa, en el sinfín de actividades que han puesto en marcha varias hermandades con el objetivo de mantener viva la llama y capear con el mejor ánimo posible la sensación amarga que reina. Jesús Millán colaboró mandando fotografías para un vídeo «maravilloso» que hizo la hermandad de La Borriquilla. Sergio lo hace propio de diferentes maneras: poniendo marchas para que suenen en las calles, interactuando en varios foros cofrades, engalanando el balcón de casa y presentando un par de relatos en los concursos de escritura que han convocado el Descendimiento y el Resucitado. Hermandad a la que pertenece Jesús Serna y que, según apunta, ha donado varias tablets al hospital para que los enfermos se comuniquen con sus familiares.

Jesús MillánJesús Millán

Labor asistencial. Y es que las hermandades se han volcado con actos culturales, pero también de acción social, y eso ha llevado a Nacho, por ejemplo, a participar «de forma activa» en la del Prendimiento, que ha donado una importante cantidad de material sanitario al hospital y a diferentes residencias de mayores.

En lo que hay una respuesta casi unánime es en que ese amor por la Semana Santa les impide permanecer ajenos a ella a pesar de que las circunstancias no inviten a ello este año. Para mitigar ese sentimiento, y es algo que casi todos celebran, la Junta de Cofradías emite programas especiales con imágenes de las procesiones de otras primaveras. Salvando las siderales distancias que existen entre procesionar y ver en una pantalla imágenes de archivo, esto ayuda a llevar en cierta manera el duelo. Ahora bien, hay excepciones, comprensibles, como la de Nacho, que no puede ver esos programas porque «me invade la pena y la amargura, y me vengo abajo... No puedo porque me desgarro».

Sin embargo, están obligados a sacar fuerzas de flaqueza. Aunque ahora mismo no las haya. Y están obligados a seguir y a trabajar más que nunca con la mira puesta en la Semana Santa del año que viene. Jesús Millán está «convencidísimo» de que será «la mejor de la década» por su «muchísima participación». Sergio cree que estos días deben servir para «apuntalar nuestra fe y nuestra creencia» y que desde el mismo momento en que se suspendieron los desfiles, «la comunidad nazarena hizo acopio de fuerzas y ganas para trabajar por una Semana Santa que seguro será de las más especiales de cuantas recordaremos».

Nachete, Pablo y Nacho MonleónNachete, Pablo y Nacho Monleón

Jesús Serna, por su parte, solo espera que todo vuelva a la normalidad y que el año que viene se celebre rodeada de familiares y amigos. Eso hará que sea «más especial» si cabe, entiende Alberto, pues «esta situación nos va a marcar para mucho tiempo». Lucía ya piensa en 2021 con «esperanza» para volver a «disfrutar» de la Pasión conquense en todo su esplendor y, si cabe, con más «ilusión y ganas que nunca».

Sara, más que mirar al futuro, se centra en desear que «pronto volvamos a la normalidad». Ella entiende que esta Semana Santa «nos da una oportunidad para reflexionar sobre los conceptos propios de la misma, como el sufrimiento y la soledad de aquellos que pasan por la enfermedad, el duelo de la familia que ha perdido un ser querido o la esperanza de las personas que se curan». Igual de hondo es el sentir de Nacho. Más allá de que le resulte «casi imposible» hacer una proyección de futuro en esta situación, está convencido de que esto, «que marcará un antes y un después», servirá para ver «nazarenos más entregados, reconociendo y asumiendo su verdadero papel» y procesiones «con más seriedad y más sentimiento». Nadie, sentencia, «desfilará por desfilar». Que así sea.

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Sergio Álvaro
Sergio Álvaro
Sergio y Jesús Serna
Sergio y Jesús Serna
Sara Díaz
Sara Díaz