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Los vecinos de la víctima no escucharon ruidos ni gritos

Leo Cortijo
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Los responsables de un hotel cercano a la vivienda donde han tenido lugar los hechos, no escucharon "ningún ruido ni ningún grito" que les pudiera alertar de que algo tan trágico estaba ocurriendo a escasos metros de donde dormían.

Los vecinos de la víctima no escucharon ruidos ni gritos - Foto: Reyes Martinez

Una de las mayores lacras que sitúa a la sociedad frente al abismo golpea de nuevo. Cuenca se tiñe de negro por la muerte de una mujer víctima de violencia de género. La tragedia ha sacudido la tranquilidad que impera en la pequeña pedanía de Nohales, con apenas 200 vecinos y a escasos cuatro kilómetros de la capital. El centro operativo de la Comandancia de la Guardia Civil recibía una llamada telefónica que alertaba de que, supuestamente, una mujer podría estar siendo víctima de una agresión por parte de su expareja. Tristemente, la pista no iba nada mal encaminada y los peores pronósticos terminaron por confirmarse.

Una vez encendidas todas las alarmas, hasta el número 22 de la calle Real se desplazaron todos los medios disponibles en ese momento. Nada más llegar al lugar de los hechos, que se produjeron a falta de veinte minutos para la una de la madrugada, dos patrullas uniformadas de la Benemérita apreciaron cómo, en la entrada de esta vivienda, un hombre estaba persiguiendo a otro. Uno de ellos huía del lugar, mientras que el segundo caía al suelo al presentar varias heridas por arma blanca. Una de esas unidades emprendió entonces la caza del individuo huido, al que pudo alcanzar en corto espacio de tiempo. Según notificó la Guardia Civil en una nota de prensa, este varón, "ante la llegada de los agentes", se autolesionó con el cuchillo que portaba, causándose varias lesiones.

La imagen más luctuosa y dramática de todo lo acontecido se producía en el interior de la vivienda. En ella se encontraba una mujer malherida debido a las lesiones de las que había sido objeto con un arma blanca. Lamentablemente, el personal sanitario que acudió hasta el lugar certificaron a su llegada que la víctima había fallecido. Los otros dos varones implicados en el suceso, tras recibir atención médica en sobre el terreno, fueron trasladados inmediatamente al Hospital Virgen de la Luz de la capital.

Fruto de las primeras pesquisas, la Guardia Civil procedió a la detención de un varón de 43 años de edad, nacido y con domicilio en Cuenca, como autor de la muerte de la mujer. Este hombre, que presenta lesiones autoinfligidas por arma blanca, se encuentra estable con pronóstico reservado. Hay que destacar que sobre el agresor pesaba una orden de alejamiento por parte de la fallecida desde finales del año pasado. La pareja tenía dos hijos menores de 14 y 8 años de edad, respectivamente.

Por otra parte, el segundo varón herido, de 40 años de edad, es un amigo de la mujer muerta que, en el momento en que se produjo la agresión se encontraba con ella en la vivienda. En este momento permanece ingresado en el Virgen de la Luz, estable y sin que, al parecer, su vida corra peligro.

No escucharon nada. La vivienda donde tuvieron lugar los hechos se encuentra muy cerca de uno de los puntos de encuentro de la pedanía conquense, el Hotel Rasil. Además de alojar huéspedes, este establecimiento también es el bar y el restaurante del municipio. Por eso no es de extrañar que durante toda la mañana de este lunes los vecinos no hicieran otra cosa que comentar el suceso en torno a las mesas en las que se reunían. Los responsables del negocio explican a La Tribuna que no oyeron nada. No escucharon "ningún ruido ni ningún grito" que les pudiera alertar de que algo tan trágico estaba ocurriendo a escasos metros de donde dormían.

De hecho, la responsable del Rasil explica que abandonaron el bar en torno a las doce de la noche, momento en el que se marchó a la habitación, que se encuentra en la planta superior del edificio. A pesar de que tardara varias horas en conciliar el sueño, "hasta las dos o las tres de la mañana", no escuchó nada que le pudiera hacer sospechar. "Es una pena porque si hubiera venido pidiendo auxilio le habríamos atendido", se lamenta. El shock fue mayúsculo cuando a primera hora de la mañana veían la vivienda precintada por la Guardia Civil. "Algo ha tenido que pasar", remata.

Según explican los vecinos, la casa donde tuvieron lugar los hechos no era propiedad de la fallecida, sino de una amiga "que se la había dejado para que viviera". La dueña de este domicilio es una policía local que comenzó trabajando en Cuenca y que ahora se encuentra destinada en Albacete, por lo que la vivienda se encontraba vacía. "Ella no le dejaba la llave a todo el mundo", apuntan en referencia a la propietaria, y es que es la inquilina "mantenía la casa mientras vivía en ella".