MUY PERSONAL

Francisco Muro de Íscar

Periodista


Miradas para no olvidar la tragedia

08/03/2021

Hace un año y veinte días escribía que éramos "una sociedad vulnerable". No me imaginaba cuánto. Desde entonces, vivimos bajo amenaza. El balance, hoy, es de entre 70.000 y 100.000 muertos -30.000 en residencias de mayores-, según las cifras oficiales o las reales del Instituto Nacional de Estadística. Más de 3.150.000 casos confirmados. Nos engañaron en el inicio de la pandemia diciendo que no era importante y no tomaron medidas a pesar de que sabían la gravedad de lo que venía; nos confinaron; impidieron que los enfermos pudieran despedirse de sus familiares; obligaron a enterrar los muertos en secreto y sin acompañamiento y escondieron las imágenes duras y terribles de las UCI y de los tanatorios. Todavía hoy -30.000 muertos en febrero- se sigue poniendo el énfasis en que estamos saliendo de la tercera ola y algunos/as, incluso desde el Gobierno de la nación, creen más importante volver a manifestarse el 8 de marzo que cuidar la salud y la economía maltrechas.

Ha sido una tragedia sin imágenes. Se prohibió el trabajo de los profesionales del periodismo en los lugares más sensibles. No había información completa, solo datos y notas de prensa oficiales, imposibles de contrastar. No querían que viéramos el horror. Decidieron por nosotros para no "herir sensibilidades". Tal vez por no haber visto esas imágenes duras, terribles, muchas personas siguen diciendo lo que dicen y animan a otros a no vacunarse; tal vez por eso, muchos jóvenes siguen sin protegerse y sin proteger a los otros. Esa infantilización buscada de la sociedad -si no se ve, no existe-, y no solo en esta pandemia, nos hace ignorar la realidad, vivir en una normalidad irreal. Lo importante no es la inmunidad del rebaño, es el rebaño.

Afortunadamente, ya hay un libro que recoge todo eso: las UCI abarrotadas, los sanitarios sin descanso que nos salvaron, las residencias de ancianos aisladas y sin ayuda, la soledad de tanta gente, los féretros acumulados, las ciudades vacías y llenas de silencios, las personas sin empleo y las que multiplicaron sus esfuerzos para cubrir los servicios esenciales, los pequeños milagros de solidaridad, las escuelas cerradas, los besos a través de un cristal, los abrazos que no pudimos darnos, las iglesias sin fieles pero con fotografías en los bancos... El libro acaba de salir. Se llama 'Pandemia. Miradas de una tragedia' (Editorial Blume) y recoge los testimonios de 26 grandes fotógrafos y periodistas, españoles, -entre ellos muy grandes como Cristina García Rodero, Isabel Muñoz, Gervasio Sánchez, Sandra Balsells, Santi Palacios, Ricardo García Vilanova-, latinoamericanos, un estadounidense y una francesa que relatan nuestra angustia y nuestro miedo. Y cuenta, además con excelentes textos críticos de Elena Poniatowska, Premio Príncipe de Asturias, o de Irene Vallejo, entre otros. Es un libro imprescindible que recoge los "aplausos que son palomas", que dice Poniatowska, pero también la realidad que nos ocultaron: "Nos dejamos confinar en un ideal publicitario de falsa seguridad, sin tiempo para cuestionar las cerraduras ni para abrir los ojos atónitos y audaces... Este libro es un álbum de parpadeos audaces, de miradas valientes que desafían la prohibición ancestral de vislumbrar lo terrible. En estas fotografías, los supervivientes y los muertos siguen mirándonos vivos", como escribe Irene Montero. "Una fotografía, apunta Ricardo García Vilanova, no refleja nunca el horror de una tragedia, pero sin ella, no tendríamos nunca la prueba documental para nuestra memoria histórica". Hay que dar las gracias a los autores y a los promotores de este libro, cuyos beneficios se destinarán a familias de otros fotógrafos, muertos mientras cubrían la pandemia en distintos países del mundo, que se encuentran en situación de exclusión social. Si pueden, cómprenlo y mírenlo despacio para agradecer el trabajo de quienes no han perdido la valentía de mirar y nos han dejado un testimonio que nos permite recordar a todos y cada uno de los que se han ido, dejándonos vacíos. Nunca el olvido.