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Caen las donaciones de particulares al Banco de Alimentos

Leo Cortijo
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La ONG registra en torno a un diez por ciento más de solicitudes que el año pasado, mientras que los donantes individuales han caído en la misma proporción por la subida de los precios

Caen las donaciones de particulares al Banco de Alimentos - Foto: Reyes Martínez

«O esto comienza a tomar una deriva completamente diferente a la que lleva o todo va a empezar a ponerse un poco complicado». El secretario del Banco de Alimentos de Cuenca, Carlos Villaseñor, tiene claro que el horizonte a medio y largo plazo no es sencillo para la clase media trabajadora, a la que el encarecimiento generalizado del coste de la vida está «ahogando». En esta institución asistencial lo llevan notando «varios meses». De hecho, el perfil que necesita su mano tendida ha cambiado. Ahora son familias «mucho más jóvenes», menores incluso de 40 años, que «acaban de iniciar una vida en común» y tienen hijos pequeños. Asimismo, también ha aumentado el número de familias nacionales. «Es un estatus poblacional que jamás había utilizado el Banco de Alimentos y que ni se imaginaba que lo iba a hacer», sentencia.

Ésta es una «preocupante» tendencia que se prolonga desde la pandemia y que ha repuntado en consonancia con la subida del IPC mes a mes. Tanto es así que, según datos de Villaseñor, ahora tienen en torno a un diez por ciento más de solicitudes que las que tenían el año pasado por estas fechas. Las necesidades se han agudizado, para más inri, en productos de primera necesidad que han visto cómo su precio crecía de forma exponencial. Villaseñor señala directamente a los lácteos y el aceite. «Hay una frase que escuchamos muy habitualmente cuando repartimos alimentos y es que antes iban a la compra y con 50 euros llenaban un carro y ahora no se llevan nada», pone como ejemplo.

Por el contrario, y en la misma proporción –en torno a un diez por ciento–, las donaciones de particulares han disminuido en lo que llevamos de año. El secretario provincial del Banco de Alimentos explica que muchas personas que caritativamente hacían entregas de alimentos han dejado de hacerlas porque «también están sufriendo el varapalo de la subida de los costes». Afortunadamente, completa, «las grandes superficies, las empresas y las entidades que suelen colaborar con nosotros no han dejado de lado al Banco de Alimentos y su labor es fundamental».

Un momento crucial. Con este panorama encima de la mesa, los próximos meses son cruciales para la institución. Esta semana han recibido provisiones de la Federación Española de Bancos de Alimentos y van a tener «un buen arreón de repartos» hasta finales de octubre o principios de noviembre. Pasado ese laxo de mes y medio o dos meses, «volveremos a movernos, a tomar las calles y a buscarnos la vida que es lo que sabemos hacer», subraya Villaseñor.

Esa ayuda desinteresada de los ciudadanos cristalizará de la mejor forma posible en la próxima Gran Recogida, que se espera para el tramo final de noviembre, aunque en Cuenca «ya hemos comenzado la andadura». Esta actividad siempre es un puntal para la ONG en lo que a la recepción de alimentos se refiere y éste año, por todo lo que envuelve su celebración, «más todavía». Ya no solo por las necesidades que se agudizan en la recta final de ejercicio, sino porque «han sido dos años sin salir a la calle por la pandemia y queremos retomar la actividad del voluntariado y que los pajaritos de nuestro logo vuelvan a volar por las calles de Cuenca». La ilusión es «máxima» y en el centro de la diana está superar los registros de los últimos años, cuando se alcanzaron los 80.000 kilos de alimentos.

Es momento de arrimar el hombro, y de eso en Cuenca sabemos un poquito... «Ahora más que nunca», recalca con ahínco Villaseñor, ya que esta Gran Recogida «nos viene como anillo al dedo», puesto que la subida de la inflación está «destrozando» a la población a todos los niveles y de todas las edades, por lo que «tenemos que hacer algo entre todos porque las cosas se pueden poner bastante feas».