CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Radicalismo o populismo, a confusión

19/04/2021

Nos lo dice Fernando Vallespin «Un espectro recorre las democracias». La vida política de los últimos años ha estado marcada por una nueva polarización entre los partidos representativos del ‘sistema’ de la democracia liberal y un populismo que es presentado como los nuevos bárbaros ‘ad-portas’. Lo cierto es que el populismo no es nuevo ni tiene una acepción clara; de hecho, ni siquiera es propiamente una ideología. Pero ahí está, instituyéndose en uno de los polos en la lucha por la hegemonía política del presente, porque lo único que no ofrece dudas es su desafío a la forma de hacer política que nos acompañaba desde la posguerra», y esta reflexión me llega a mí, ahora, con esas grandes dudas a las que nos están llevando las muestras de radicalismo en grupos de jóvenes, de uno y otro extremo, sin mayor contemplación que hacerse valer en su pérdida de valores, especialmente el respeto a la sociedad en la que viven y donde es necesario reconvertir los extremismos en convivencias.
No lo entiendo, ni tampoco comprendo el que líderes políticos en una democracia como puede ser la española, alienten y provoquen con «dimes y diretes», frases sacadas de tono o simple y llanamente, presencia en mítines de oratorias «baratas». A dónde queremos llegar con estas situaciones en las que nos estamos viendo inmersos; mal ejemplo para esta juventud que intenta educar sus conceptos morales a base de redes sociales descontroladas y digitalizaciones desaforadas.
Ustedes se han dado cuenta, la difícil labor del docente (maestro y profesor) ante este reto. Cómo conseguir el orden en la clase donde la figura del docente está siendo vapuleada por escasos reconocimientos a esa gran labor que desarrollan, en la que padres y políticos poco ayudan a mejorar; o cómo educar en el colegio con proyección en el hogar, o viceversa, si falta la cohesión y el apoyo mutuo. Se ha perdido un poco ese norte para que las nuevas generaciones, clave en el futuro social, puedan aceptar y entender cuál ha de ser el camino justo y adecuado, cuando en varios programas televisivos potenciamos la hipocresía, la mentira, el odio, la sinrazón, el desamor, la ruptura o, el esfuerzo de aprendizaje moral de cada centro escolar queda herido al no verse correspondido entre las bambalinas de una sociedad consumista, irrespetuosa o egoísta. Parece, que ser radical, se lleva o está de moda.
Ahora bien, no vean en mí, un pesimismo atroz, no, vean, un deseo de retomar y corregir defectos, de ser generosos con nosotros mismos cuando eduquemos a favor de la corriente que aprendimos, que elegimos o que deseamos. Apoyemos y no dificultemos la labor del docente. Por eso, poco aportan a favor, los radicalismos o los populismos, mal entendidos. «Se ha pasado de un occidente cuya cultura no hacía falta proteger, a un occidente cuya cultura es una más a la que también hay que proteger».