EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


El elixir del doctor Doxey

12/12/2019

En las típicas películas del Oeste, Western, o películas de vaqueros, nunca faltan los personajes del ‘cow-boy’, el antihéroe, el sheriff, el villano, los indios, la chica y el charlatán de feria. También en las aventuras del héroe americano Lucky Luke, el vaquero más rápido del Oeste, más rápido que su sombra, del genial Maurice de Bèvére (Morris).
Me interesa centrarme en el personaje del doctor Doxey, de Lucky Luke, capaz de vender un elixir crecepelos al primer incauto que ose detenerse un minuto para escucharlo. Me interesa como personaje de rabiosa actualidad mimética, adivinándose ya por donde voy en un ejercicio comparativo con algún charlatán de feria actual y de carne y hueso, que está en la mente de todos ustedes.
El doctor Doxey nos muestra el modelo de charlatán de feria de toda la vida, de los charlatanes de siempre, que siempre han estado entre nosotros y siempre lo estarán. Al acecho, con chistera, mimetizados en el entorno, embaucando a la audiencia en la venta de esperanzas con la característica habilidad de la argumentación manida y el mantra fácil. Vendedores de humo por un módico precio, ofreciendo la solución de todos los problemas de la vida.
Al margen del cine y el cómic, la charlatanería en la realidad y en la actualidad viene a asociarse con el ocultismo y lo esotérico, con la astrología, la numerología, con los adivinos o con determinados líderes religiosos o sectarios y, ahora también, con el ejercicio populista de la política para vender lo que sea con el fin de conseguir el poder.
En la imagen de la fotografía de los líderes de ERC sentados en una mesa con los del PSOE, se intuye la figura del charlatán de feria vendiendo el elixir crecepelo del “instrumento para encauzar el conflicto político sobre el futuro de Cataluña”. Viendo al PSOE negociando la gobernabilidad de España en el ámbito del tripartito, la confederación asimétrica, la plurinacionalidad, la nación de naciones y la nación catalana,  con un partido cuyo presidente está entre rejas por sedicioso y prevaricador, uno se pregunta si en democracia la política debe someterse a algún principio de coherencia, responsabilidad y racionalidad, o si queda justificado el recurso al secreto, al engaño, la mentira, el silencio, la simulación o el enmascaramiento, al margen de cualquier planteamiento ético.
El sofisma «España es una nación de naciones» no es más que un frasco con tapón de corcho, rellenable de brebaje crecepelo y con una etiqueta pegada con engrudo firmada por el doctor Doxey. Esto tiene algo que ver con lo que dijo el filósofo Gustavo Bueno en una ponencia; «que la vanguardia, de trazas marxistas, ve a los sofistas como resultado de la victoria de Salamina, que atrae hacia Atenas a charlatanes, un gremio que se hace auto propaganda».