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Vivir para agradar a los demás

María Jesús Álava
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Existen personas que no confían en sí mismas e hipotecan su propia felicidad por estar pendientes de lo que los demás hacen y piensan

Vivir para agradar a los demás

Hay quienes, en lugar de crecer hacia dentro, ponen toda su energía y su foco en el exterior. Constantemente están pendientes de lo que hacen, lo que piensan y cómo actúan las personas que las rodean. Es una pena, porque no es un tema que se pase o se cure con los años. Muchas personas hipotecan constantemente su vida. En realidad, renuncian a ser libres y dueñas de sus emociones y de sus vidas.

¿Estas personas no tienen vida propia?

Aunque resulte duro decirlo, son personas sin vida propia, personas a las que su malestar o su bienestar no les pertenece, no lo generan ellas, pues dependen básicamente del comportamiento de los demás.

Su realidad es muy dura, pues vivir para agradar a los demás es no vivir, es hipotecar tu existencia, es buscar las migajas que otros, arbitrariamente, te pueden dar o te puedan quitar.

En el fondo, es una vida llena de sufrimiento e insatisfacción.

 ¿Hay muchas personas con estas características?

Sí, cada día vemos a más y más gente que no confía en sí misma y que tiene una bajísima autoestima.

Es una lástima, pero han renunciado a ser dueñas de sus emociones y, con ello, a vivir en libertad.

¿Cómo se comporta este tipo de personas?

Su comportamiento es muy característico: no parecen tener criterio propio; carecen de orientación y de impulso personal; solo aspiran a caer bien y que otros lleven los mandos de su vida.

En realidad, son personas que dan pena, ya que siempre tratan de agradar, pero más pronto que tarde terminan decepcionando. Pocas cosas resultan tan molestas como alguien que no tiene criterio propio; con quien no puedes confrontar ideas, pues no argumenta y no puedes intercambiar puntos de vista, pues carece de ellos... Alguien que no te aporta nada, que solo vive pendiente de lo que tú haces, de lo que tú piensas, de lo que tú opinas..., y al final se convierte en una pesada carga, en una mochila de la que deseas desprenderte.

¿Cómo pueden superar esa dependencia?

- Empezando por aceptarse tal y como son y eso significa creer en ellas mismas y confiar en sus posibilidades. No es sencillo, pero hay un principio básico para conseguirlo. Para creer en nosotros, primero tenemos que llenarnos de energía positiva; tenemos que querernos, gustarnos y ser nuestros mejores amigos en el largo viaje que hacemos cada día.

- Querer y creer significa aceptarnos, con nuestros aciertos y nuestros errores.

- Querer y creer es no cuestionarnos constantemente por lo que hacemos, es dejar de examinarnos cada día.

- Querernos es conseguir ser nuestra mejor compañía; aquella que lejos de anularnos o llenarnos de inseguridad, nos proporciona paz y alegría.

- Querernos es sacar lo mejor que llevamos dentro, buen ánimo, buen humor y mucha paciencia y generosidad, para tratarnos con el cariño y el afecto que nos merecemos.

- Superaremos la dependencia cuando nos centremos en sentirnos bien, a pesar de nuestras limitaciones; cuando valoremos nuestros esfuerzos, cuando comprendamos que la vida puede ser difícil, y no siempre nos sentiremos bien, pero si asumimos que somos una persona única e irrepetible y que ese hecho nos confiere un gran valor, ese día habremos dado el giro que necesitamos; porque ese día apostaremos por nosotros, valoraremos lo que hacemos y renunciaremos a ser un apéndice de otros, para convertirnos en una persona con vida y entidad propia.

Conclusión: 

No nos engañemos, el camino no será fácil. De hecho, muchas personas necesitarán ayuda profesional, ayuda psicológica para conseguirlo.

Es imposible que seamos felices con las opiniones de otros, con las ideas de otros o viviendo la vida de otros.