Plantas de fino aroma y propiedades medicinales

J. López
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Plantas de fino aroma y propiedades medicinales

El suelo conquense acumula un gran número de arbustos y vegetales de propiedades extraordinarias. La industria farmacológica, cosmética y de consumo emplea sus aceites esenciales en numerosos productos de la vida cotidiana

Si le preguntaran cuántas plantas aromáticas crecen en el campo conquense seguro que podría citar de memoria varias y, al menos, completar los cinco dedos de una mano. Romero, tomillo, morquera, espliego o mejorana, por citar algunas, crecen en suelos arcillosos, pedregosos, silíceos, calcáreos y calizos de la provincia. No obstante, la tierra conquense acumula una gran cantidad de especies que pertenecen al grupo de las lamiales, apiales y alióideas y que por sus extraordinarias propiedades merecen ser reconocidas y nombradas. No hace tantos años, el mundo rural hacia uso cotidiano de plantas, hierbas aromáticas y medicinales. La sabiduría popular conocía las propiedades de la mayoría de los vegetales que crecen en el campo y, en función de sus propiedades, las destinaba a algún menester.

El paso del tiempo, el éxodo masivo a las ciudades y los procesos industriales acabaron por enterrar estos conocimientos que algunos mayores dominan de primera mano y que otros más jóvenes pretenden recuperar para que se mantengan en el acervo popular.

Es el caso del experto etnobotánico de la asociación Aquaignis, Samuel López, quien reconoce una gran cantidad de plantas aromáticas que pueden encontrarse en un pequeño paseo por el monte conquense. Identificarlas, oler sus flores y frutos, asociarles sus propiedades y beneficios es ya de por sí un placer para los sentidos.

El llamado camino de la Parra de las Viñas o paseo botánico, que discurre entre las localidades de Molinos de Papel y Palomera, es un buen ejemplo para localizar una gran variedad de plantas aromáticas y medicinales que se encuentran en la Serranía conquense. Solo hace falta tomar la senda junto al río Huécar y recorrerla para apreciar que allí se encuentran la mayoría de vegetales perfumados.

Antes de empezar el recorrido, cabe señalar que los diversos vegetales desprenden ya de por sí aromas y fragancias que serán utilizados por la industria cosmética, farmacéutica y de consumo. De ellas se extraen sus aceites esenciales que serán procesados y añadidos a cremas, productos de limpieza, ambientadores, condimentos, especias para alta gastronomía, y un largo etcétera de elaboraciones que se emplean en la vida cotidiana.

Además, la mayoría de estas plantas pueden secarse para preparar infusiones, destilarse en alcoholes, reducirlas en polvo para ser ingeridas en cápsulas y exprimir o macerar sus jugos para uso medicinal. Ayudan a mejorar el sistema inmunológico, pero también tratan enfermedades del aparato digestivo, reducen problemas de ansiedad y depresión, aminoran los niveles de azúcar en la sangre, estimulan el apetito, detienen hemorragias, o desinfectan heridas, por mencionar algunas de las propiedades más comunes.

«Las aromáticas suelen ser hierbas bajas y leñosas de pequeño tamaño que no necesitan de grandes cantidades de agua para crecer, pero también hay otras como la hierbabuena o el té de río que son completamente acuáticas», cuenta el responsable de Aguaignis, la empresa de actividades de aventura, naturaleza y cultura.

Las plantas. El rey de las aromáticas es el «romero», dice el etnobotánico, quien explica que «muchos le llaman el ginseng español por sus enormes propiedades de regenerar la vitalidad de la persona». El romero «es una planta mágica, que se ofrece para quitar la mala energía y se quema para sanar. Es un depurador físico y energético». Otro de los singulares detalles que menciona es su flor, que se desarrolla en mayo y cuyo néctar utilizan las abejas para fabricar la miel de romero. Dicen que la de Cuenca es una de las más puras del país y de ello da fe su color claro. Cuanto más lo sea mayor porcentaje de romero tendrá.

Relata López que la flor puede variar de tonos azulados a blancos, pues «la tradición habla de que la Virgen María estaba dando el pecho al Niño Jesús junto a un romero, por eso algunos arbustos tienen las flores blancas. Unas gotas de la leche cayeron en esa mata».

Otra de las aromáticas más comunes es el tomillo, «un antibiótico potente, una maravilla», que crece en suelos calizos, junto a otras plantas arbustivas muy comunes como la ajedrea o la morquera, y cuyo olor se parece al limón. Esta última se ha añadido tradicionalmente como condimento culinario y para sazonar aceitunas.

Otra especie herbácea que crece comúnmente es la salvia officinalis, muy parecida al espliego, que se diferencia por un mayor y tamaño de la hoja y por la flor.

«En Roma la consideraban como la panacea de la salud. De hecho le pusieron salvia que viene del latín salvus, salvar. Dicen que curaba todo tipo de males, algunos la usan para ahuyentar las malas energías o el mal de ojo, pero estimula el sistema inmunológico y se puede usar en la cocina», cuenta el experto, quien señala otras plantas cercanas, la artemisa, «utilizada para hacer licor de absenta», y la ruda, «para depurar ambientes».

De la lavanda o espliego, cuenta que se recomienda tomar en infusión por la noche por su poder tranquilizador o quemarla en incienso por su intenso olor. Además, recuerda López que en la actualidad hay grandes plantaciones de las que se extraen aceites que se destinan a productos farmacéuticos, de droguería o perfumería.

En las paredes rocosas nace la jasonia glutinosa, llamada coloquialmente té de roca. Esta planta es conocida por su grandes propiedades que mejoran la función hepática, estimulan las secreciones digestivas y abren el apetito. «No tiene teína, como el roibos, y tiene las propiedades del té», dice este experto, que señala una planta de mejorana. Es parecida al orégano y combina numerosos minerales que además de utilizarse como condimento y aderezo de alimentos puede tomarse en té. «Es uno de los principales relajantes del sistema nervioso. Muchas de las infusiones que se venden en herbolarios llevan mejorana», asegura.

Puede que estas sean algunas de las más comunes, pero existen otras menos conocidas que tienen propiedades para usos muy singulares. Es el caso del meliloto o trébol de color amarillo, una especie herbácea de intenso olor dulce que a día de hoy se sigue utilizando para aromatizar tabaco de consumo. La siempreviva tiene un aroma singular, muy parecido al curry. La ruda es tóxica y «se usaba para abortar», pero otros la emplean en determinadas dosis para «casos perdidos», cuenta el etnobotánico.

Del liquen de los pinos o barba de viejo se extrae esencia para fabricar perfumes con olor a bosque. Del saúco, presente en montes de la Serranía, se puede utilizar sus bayas negras para elaborar mermelada, pero López asegura que algunos usan sus flores para introducirlas en agua, mezclarlas con azúcar y fabricar un líquido que fermenta y burbujea, y que se parece al champán. De las hojas y pétalos de la caléndula se fabrica una crema que regenera la piel y la flor de la rosa mosqueta se emplea en numerosos cosméticos.

Estos son algunos ejemplos de plantas aromáticas y medicinales, pero a la lista, interminable, pueden añadirse otros arbustos y vegetales como el laurel, abrótano, hinojo, el té de río, o la manzanilla, por mencionar algunos.

Es evidente, el campo conquense es una gran herboristería, un supermercado lleno de plantas que cumplen un propósito.