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Pilar Cernuda

CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


¿En qué manos estamos?

21/03/2022

No se puede tener peor suerte. Un dictador fanático y sin principios pretende resucitar territorialmente la URSS, inicia una guerra con Ucrania y amenaza a toda Europa; sufrimos una crisis energética de proporciones inimaginables … y Pedro Sánchez es quien debe lidiar ese toro.

España es hoy el país europeo con peor gobernante, con un presidente que no sabe qué tiene entre manos. Se encoge de hombros ante el grito masivo y desesperado de las familias que viven del campo y del mar diciendo que ese grito lo instrumentaliza Vox, cosa que es mentira. Y si fuera verdad, tienen tanto derecho los simpatizantes de Vox a manifestarse como los simpatizantes de cualquier otro partido. No es precisamente Sánchez un político que pueda presumir de socios de trayectoria impecable.

Más. Sánchez, personaje irrelevante en los despachos en los que se deciden los grandes asuntos europeos, ha sido criticado estos días por visitar países menores, así que en Moncloa explican que se acaba de ver con los jefes de gobierno de Italia, Portugal y Grecia. Se les olvidó mencionar que se trataba de una reunión de gobernantes mediterráneos convocada por Mario Draghi.

Además de su desinterés por los asuntos del campo, y de su escaso papel en las iniciativas que promueve Bruselas, hay otro asunto en el que Sánchez ha dado ejemplo de irresponsabilidad absoluta: el acuerdo con Mohamed VI sobre el futuro del Sahara.

No ha podido elegir peor momento, cuando la crisis energética se ha convertido en un problema de primera magnitud, y España depende del gas argelino. Se veía venir lo que iba a ocurrir, y ha ocurrido: le ha faltado tiempo a Argelia para llamar a consultas a su embajador en España. La llamada a consultas de un embajador es el paso previo a una ruptura de relaciones.

No hace falta ser muy instruido para saber que Sahara es la palabra maldita que envenena las relaciones entre Marruecos y Argel. Más allá de las cuestiones morales hacia el pueblo saharaui, que en tiempo fue español, la posición de los sucesivos gobiernos de España ha sido dejar quieto el problema y asumir la doctrina de la ONU, la celebración de un referéndum de autodeterminación. Lo que plantea el acuerdo de Sánchez es un Sahara marroquí, pero con amplia autonomía, como deseaba Mohamed VI. Quizá no sea mala solución, pero se ha hecho de la peor manera: Sánchez no informó del acuerdo a su propio gobierno ni a los partidos que le apoyan, y tampoco a la oposición. Los gobernantes que toman decisiones según les da, sin dar explicaciones, tienen un nombre que no gustaría al presidente español.

Visto lo visto estos tres años, con decisiones indignantes, rematadas ahora por un Sánchez indiferente a los problemas energéticos que arruinan al sector primario y provocan desabastecimiento generalizado, más esta última jugada de traicionar a los saharauis y alejarse de la doctrina ONU, cabe preguntarse si este país puede confiar en su presidente.