OLCADERRANTE

Fernando J. Cabañas


Ridículo

02/06/2020

El local ofrecía posibilidades añadidas a las intuidas por mí para adquirirlo. Y de ellas, la posible celebración de encuentros con amigos pronto atrajeron a mis hijas. En cierta ocasión la pequeña, con reparo pues suponía que yo le diría que no, me hizo una propuesta. «Papá, ¿puedo ir al local con mis amigas y hacer allí un trabajo para el colegio?» Un «por supuesto» luminoso salió de mí añadiendo la sugerencia de invitar a sus 7 amigas a merendar, poner música para bailar y organizar juegos. Sus 8 años de edad y el deseo de disfrutar con su gente le hicieron responder a la velocidad del rayo. Inmediatamente le interrogué sobre las características del trabajo que tenían que realizar. En 4 folios debían tratar sobre los tipos de dinosaurios que existieron, incluyendo imágenes en color. Llegado el día, reunidas en torno a la mesa del local, les dije que les tenía una sorpresa. Así, les entregué, ya impreso, un trabajo sujeto a los requerimientos indicados. Deseaba que disfrutasen más de la tarde y menos del tiranosaurio rex o de los estegosaurios. Yo, que esperaba sonrisas de oreja a oreja y un mínimo agradecimiento por la tarea de negro llevada a cabo, me encontré con caras de escepticismo, cercanas al asco, y una pregunta de mi hija: «Papá ¿crees que mi maestra es tonta? ¿Crees que no se daría cuenta de que está copiado?» Ignorándome, se pusieron a la faena al tiempo que despreciaron mi «trabajo», obviamente adecuado a lo que de ellas cabría esperar por sus edades. Pasados los años descubrí que de haber aceptado mi propuesta, mi hija y sus amigas, niñas normalísimas por otra parte, aunque posiblemente habrían suspendido aquella asignatura, de haberle cogido el gusto a esa “costumbre”, quizá sí que podrían haber conseguido maña para posteriormente firmar una tesis doctoral e incluso asumir altas responsabilidades. Y yo, mientras, haciendo el ridículo.