CARTA DEL DIRECTOR

Francisco Javier Martínez


La pandemia económica que viene

31/05/2020

Una vez que todo apunta a que la crisis sanitaria pasó y dejó un reguero de fallecidos que no sabemos aún si sabremos contabilizar o se quedarán en el limbo de los casos sospechosos, se nos viene encima otra crisis no menos importante, la económica, que lastrará el futuro de la sociedad, pero sobre todo de las familias más vulnerables, que tendrán que volver a hacer de tripas corazón y acudir a las colas de las ONG para conseguir los alimentos más básicos para poder salir adelante.
La provincia de Cuenca no fue una de las más golpeadas por la enfermedad, pero sí lo es en cuanto a las consecuencias económicas. La ciudad y la provincia perdieron su cita más importante del año, y no me refiero en el aspecto religioso, que es la Semana Santa. Miles de personas se desplazan en esas fechas, bien a la capital para admirar las procesiones y todo lo que conlleva alrededor, con lo que la hostelería está en temporada alta, bien por los cientos de alojamientos rurales que esos días también se llenan de familias y grupos de amigos en busca de unos días de asueto. Este año todo eso se perdió, pero lo realmente dramático es la crisis que sufrió el sector agroalimentario, que sustenta la economía provincial.
Las exportaciones sufrieron un frenazo tan brusco que se romperá esa tendencia creciente de venta de productos conquenses al exterior. Cada vez son más apreciados y demandados los productos agroalimentarios que se producen en nuestros campos y son la vanguardia de las exportaciones de la provincia, a falta de que las administraciones públicas apuesten decididamente por esta tierra en forma de atracción de empresas -ahora dicen que con el teletrabajo se potenciarán los empleos en los municipios pequeños... habrá que verlo-, porque la actual economía conquense es tan frágil que cualquier contratiempo puede ponerla en evidencia.
Un sistema productivo basado en el turismo está abocado siempre al fracaso, salvo que hablemos de Benidorm, por ejemplo. El sector turístico debe ser un complemento, pero no el sector principal. Las razones son la temporalidad y la fragilidad propia del turismo. En Cuenca el sector refugio lo encontramos en el campo, en las industrias agroalimentarias que poco a poco apuestan por la I+D y a sus promotores el tiempo les está dando la razón. 
Cuenca necesita que se potencie el sector agroalimentario y haya un desarrollo industrial. Apostar más por el turismo es tener una espada de Damocles sobre nuestra cabeza cada vez que vienen mal dadas.