DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


La mancha y el fuego

A Susana Díaz le faltó el luto en su compadreo en la Sexta. Habría conseguido ir a juego con Ferreras y las penas compartidas, qué les voy a decir, son menos penas. Tenía un leve motivo de color negro en el cuello del jersey blanco, pero, a todas luces, insuficiente. Si quieres ejercer de plañidera hay que hacerlo con toda la indumentaria necesaria. El perdón, de negro, siempre es más creíble, y, si de lo que se trata es de llorar a lágrima viva por el muerto, es casi obligatorio. No fue el caso porque no era sincero. La versión de Susana vestida con la túnica de Poncio Pilato es para lavarse las manos sin salvar de la quema todo lo anterior. Le persigue la sentencia y toca fingir mientras ves como preparan tu propio funeral. Que en esas están sus enemigos sanchistas. Si vas a defender a tus antecesores en el cargo a capa y espada sin llorar, toca ponerte de rojo socialista con una rosa roja en el pelo, como las que luce Susana cuando pasea a caballo por el Real de la Feria. Pero tampoco fue el caso. Si vas a llorar por ellos junto a Ferreras, todos de negro. Yo estoy muy triste, Manolo y Pepe están destrozados, pero “los condenados sí estaban en un Gobierno socialista”. Entonces de blanco y con la franja negra. ¿Hay algún ejercicio de contorsionismo más complicado?

Lo de Susana son medias verdades y alguna mentira. Con una sentencia tan contundente, no puedes sacar la cara demasiado porque es incluso peor. A saber. Dice la secretaria de los socialistas andaluces que cuando se perpetró el fraude ella no era la presidenta de la Junta. Y eso es verdad. En aquella época, unas veces era diputada en el Congreso y otras en el antiguo hospital de las Cinco Llagas. Pero no era parlamentaria por el PP, no; lo era por el PSOE y la condena deja clara una forma de actuar corrupta de un Gobierno que ha permitido lucrarse a personas y empresas vinculadas a su partido. Pero hay más. En todo caso de corrupción, una vez que se destapa, el objetivo es recuperar el dinero malversado. En este caso se ha podido cuantificar hasta 679 millones de euros, que seguro que son más. Durante su etapa al frente de la Junta, su Gobierno se retiró de la acusación de los ERE. Ella dice que no, pero hay un documento que lo prueba. Esto va a complicar mucho que se puedan recuperar los casi 700 millones defraudados. Puestos a desviar la atención, una maniobra más. Lo que más le duele a Susana de la sentencia de los ERE es que “mancha a Andalucía”. Es la estrategia de la política de tierra quemada. Los andaluces son gente en su mayoría honrada y esa mancha de estiércol se ha extendido dentro de su partido. No sirve generalizar.

Mientras la líder de los socialistas andaluces ha tardado 48 horas en dar la cara ante un caso de corrupción sin precedentes, el presidente Pedro Sánchez guarda silencio. La rica hemeroteca le persigue. “Los ciudadanos tienen que tener la certeza de que si soy elegido presidente del Gobierno los corruptos no sólo lo pagarán sino que también tendrán que devolver todo lo robado con su patrimonio”. Luego está el ex presidente regional, José Bono. Dice que pone la mano en el fuego por Chaves y Griñán. Más le vale tener a mano un guante de soldador porque fijo que se abrasa.