Tesoros ocultos ¿mito o realidad?

A.M.
-

Un trabajo de Elvira Valero y Pedro José Jaén rescata historias de antiguas riquezas desenterradas y repasa algunas leyendas que hablan de tesoros moros escondidos

La búsqueda de tesoros siempre ha estado relacionada con los piratas. Cine y televisión se han encargado de encorsetar este cúmulo de riqueza inmovilizada y escondida, cuando en realidad los tesoros han sido buscados por todo tipo de gente y encontrados de forma casual. No obstante, desde la época de Tito Flavio Vespasiano, en el año 70 DC, cuando saqueó el Templo de Jerusalén, los tesoros se han visto rodeados de mito, leyenda y realidad, como así lo han recogido los investigadores Elvira Valero de la Rosa y Pedro José Jaén Sánchez en el trabajo Buscadores de tesoros en la provincia de Albacete. Leyenda y realidad, que ha sido publicado en el último número de la revista Zahora.
En muchos casos, la inexistencia de los bancos y el miedo a la pérdida o robo de las riquezas eran motivos suficientes para esconder los tesoros en lugares tan dispares como cuevas, pasadizos, castillos, conventos abandonados, casas particulares... Ejemplo de esta teoría se reflejó en una vivienda de El Bonillo, donde se encontró una piel de toro llena de monedas de oro; en la casa de doña Salomé en Liétor; en el convento franciscano de Villaverde; y en los pasadizos que comunican viviendas y grutas con las ruinas de un castillo como es el caso de las leyendas de Bienservida, Hellín, Nerpio y Alcaraz.
En Albacete, las elevaciones de terrenos fueron lugares propicios para encontrar tesoros como el Cerro del Tesoro enMadrigueras, la Morra del Tesoro de Barrax y el paraje de El Tesorico en Agramón.
En el caso de que la zona viviera una situación convulsa de guerras o violencia, la gente preservaba sus pertenencias «por si acaso». Otra veces, según sostienen los citados autores de la investigación, formaban parte de la estrategia de sus poseedores, botín de los ladrones o tesoro de los piratas. En otras, «el fervor, la religiosidad o la creencia en la vida eterna llevaban al depósito de grandes tesoros en templos o tumbas».
Lo cierto es que estos tesoros -la mayoría metales como el oro y la plata, piedras preciosas, joyas o alhajas...- están en el ideario colectivo como «riquezas de los moros», motivo por el cual muchas localizaciones de esta provincia adquieren topónimos como la Cueva de los Moros en Alborea; la Fuente de la Mora en Vianos, Cueva del Moro en Ayna, Cueva del Rey Moro en Alpera, Rincón del Moro en Hellín, o la Cueva de los Moros en Abengibre, donde, según Valero y Jaén, «siempre se ha creído que los moros dejaron un tesoro escondido antes de su partida».
Sin embargo, la mayoría de los tesoros que se han encontrado a lo largo de los años tienen procedencia romana. De hecho, en esta provincia la mayoría de los hallazgos coinciden con los yacimientos arqueológicos que en la actualidad se siguen excavando.

De ensueños y leyendas. Si bien es cierto que en la antigüedad existían buscadores de tesoros profesionales, pues tenían que tener una licencia de autorización, la existencia de estas riquezas ocultas también estaba rodeada de mucha leyenda y tradición oral popular, transmitida de padres a hijos e, incluso, por revelación sobrenatural, que sería el caso de los ensueños, frecuentes en varios municipios de Albacete, aunque comunes al resto de España. Como muestra, el trabajo publicado en Zahora cita el sueño del tesoro bajo la piedra en la que duerme la cabra, que se relata en El Ballestero y La Alcadima (Liétor), entre otros.
No es de extrañar que los tesoros escondidos en este país se les atribuya a los moros, pues durante los siglos que permanecieron en España acumularon muchas riquezas, debido a su ostentoso modo de vida, sus grandes palacios, joyas, exotismo en las ropas... Ante su precipitada marcha es lógico suponer que no se llevaron consigo todas sus pertenencias y que se vieran abocados a esconder sus tesoros bajo tierra, en cuevas, pasadizos, cerros, rocas o castillos para asegurarse de que, en un lejano futuro, ellos mismos o sus descendientes podrían recuperar las riquezas abandonadas.
Esta es la razón por la que leyendas e historias se han perpetuado a través de la tradición oral. Tanto que no hay pueblo albacetense que no cuente con su fábula sobre tesoros, unos encantados, como es el caso de un tesoro enterrado en Madrigueras por una princesa mora; otros sin encantar, los más numerosos. Esto son algunos ejemplos:

EL ORO Y EL MORO
BIENSERVIDA
En Bienservida circula una leyenda según la cual, en la calle de la Torre, hay una casa de la que parte una cueva excavada en la roca, que se comunica con una salida en Cerro Vico. A finales del siglo XIXo principios del XX, llega al pueblo un moro vistiendo exóticas ropas y hablando un supuesto castellano antiguo. Llevaba consigo unos pergaminos sobre una cueva en Cerro Vico donde, al parecer, sus antepasados habían enterrado sus tesoros al tener que abandonar el lugar. Para recordar el lugar, sus antepasados señalaron el sitio exacto con la plantación de una especie de árbol raro en el pueblo, un saúco. Sin embargo, la planta, si es que alguna vez existió, había perecido con el paso del tiempo y el moro, descorazonado, abandonó el lugar, no sin antes sembrar la zozobra entre los lugareños con esta frase: «Si ustedes supieran el oro que hay aquí enterrado, no dudarían en allanar este cerro a espuertas».

la vida es sueño
liétor
La abuela de Elvira Valero de la Rosa, autora de este trabajo de investigación, le contó que en una población llamada San Miguel de Susaña, cercana a El Ballestero, vivía un pobre campesino que soñaba con una voz que le repetía que en la plaza de Valencia encontraría la felicidad. Una vez en la capital del Turia y cansado de esperar a que llegara, un hombre movido por la curiosidad le preguntó cuál era el motivo de su estancia tan solitaria en la plaza. Cuando le contó su sueño, el hombre le contestó que él también soñaba que en una aldea llamada San Miguel de Susaña hay una casa, y en la casa un corral, y en el corral, una losa de piedra sobre la que duerme una cabra y bajo la que hay un tesoro. El campesino, alarmado y disimulando el regocijo que le proporcionaba la descripción de su casa, volvió a toda prisa a ella, levantó la losa y, efectivamente, encontró el tesoro:«No sabemos si esto le proporcionaría la felicidad, pero seguramente le ahorraría muchos desvelos», escriben los historiadores.

¡ábrete, sésamo!
hellín
La tradición oral sostiene que existe un túnel excavado por los moros que comunica el viejo castillo con la gruta de la cueva Allá, y que cuenta con otra galería que llegaría hasta la ermita del Rosario, donde supuestamente el rey moro, en vista del empuje cristiano en plena Reconquista, había ordenado fundir todo el oro que poseía, realizando un gigantesco toro de oro macizo depositándolo en las profundidades de la tierra para que, aun siendo encontrado, nadie pudiera extraerlo y disfrutar de su riqueza.

LA MALA PATA
LIÉTOR
En Fuente Albilla, aldea de Liétor, se cuenta otra leyenda universal sobre tesoros, la de la mula que mientras abrevaba hunde su pata en el terreno, el agricultor se percata del hecho, escarba y encuentra un puchero lleno de oro.

QUIEN MUCHO HABLA...
SALOBRE Y VILLAMALEA
Cerca de la aldea -hoy abandonada- de El Ojuelo (Salobre) se encuentra el cerro de Agudo sobre el que se cuenta la historia de un tesoro malogrado por la candidez de su des cubridor. Según han recogido Elvira Valero y Pedro José Jaén, a mediados del siglo pasado, un pastor llamado Sabino había soñado en repetidas ocasiones con la existencia de un tesoro en este cerro. Como el sueño se volvía a repetir noche tras noche, decidió por fin subir al citado cerro y ponerse a cavar con pico y pala, levantando las piedras que allí encontraba. El tiempo y el esfuerzo dieron su fruto y encontró una orza llena de monedas antiguas. Pero ante su ignorancia, le preguntó al maestro de El Ojuelo por el valor del hallazgo pero éste, más ladino, se ofreció a llevárselas a la capital a un experto para que calculase su valor. La leyenda cuenta que el maestro no volvió a aparecer por la aldea hasta muchos años después, dueño de una inmensa fortuna. La leyenda del pastor iletrado también se repite en Villamalea.