Taller esencial

Riánsares L. C.
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Juan Carlos Navarro, en su taller de Tarancón - Foto: Reyes Martí­nez

Juan Carlos Navarro de la Ossa

El oficio de tornero fresador es uno de los más demandados del mercado laboral actual. Las ofertas de trabajo para ocuparse de crear o reparar todo tipo de piezas mecánicas mediante el uso de tornos, para garantizar el óptimo funcionamiento de máquinas, aparatos u equipos de trabajo, es más que habitual en España y en muchos puntos de Europa.
«La gente ha preferido estudiar carreras en vez de oficios que todavía se siguen necesitando, como éste, ya que inevitablemente todo tipo de maquinaria, todo lo que mueve la industria, necesita en algún momento de nosotros», cuenta desde su taller en el polígono Tarancón Sur, Juan Carlos Navarro de la Ossa, que lleva casi cuarenta años como tornero fresador.
Acaban de traerle una manivela con una rosca partida del aparato para hacer churros de uno de los bares de la localidad, a la par que recibe un aviso para acudir a la empresa cárnica Incarlopsa, su principal cliente, para supervisar una máquina. 
Su día a día es estresante, siempre hay prisa. «Es como las urgencias de un hospital, porque si hay una máquina parada la repercusión de  equis personas sin poder hacer nada y de producción es mucha», afirma este taranconero, que reconoce que la presión «se lleva mal, te llaman cuando estás trabajando para ver cuánto falta, para preguntar a qué hora lo vas a tener», pero la satisfacción, «el dar soluciones, además para producir, es enorme». 
Muchos profesionales, de sectores como la agricultura, servicios e industria, antes más obras públicas también, confían tanto en su trabajo que no les importa desplazarse hasta de más de cien kilómetros a la redonda cargados con una pieza para su arreglo en este taller. «A veces son cosas sencillas, otras no, pero claro en vez de llamar al fabricante y que envíe la pieza, si es que existe, que es costoso y tarda, lo más práctico, rápido y fácil, es fabricarlo y repararlo aquí». Él empezó de aprendiz junto a su tío Paco, aún en activo en Tarancón. Con 15 ó 16 años ya le dieron de alta, «ya me puse el mono», recuerda. Comenzó, sigue relatando, limpiando y barriendo, engrasando máquinas y poco a poco fue cogiendo experiencia en el día a día, aunque no ha dejado de formarse después; desde hace más de 20 años en su propio taller, donde trabajan otras siete personas. 
Actualmente la formación está encaminada a la programación de máquinas, lo que aumenta su rapidez y perfección, y la fabricación de planos. «Llegan máquinas con ordenadores que hay que programar en función de las dificultades de las piezas a fabricar, hay que elaborar un programa más o menos complejo», señala Carlos acerca de la evolución de su oficio, donde hacia el año 2000 se pudieron cubrir puestos con trabajadores cualificados llegados de países del Este. 
Sigue siendo imprescindible el torno tradicional. «En toda España hace falta gente que sepa utilizar la máquina convencional, que es lo difícil, a veces lo más viable es fabricar una sola pieza en vez de hacer  en serie», detalla mientras supervisa el trabajo de uno de sus operarios. Es incalculable el número de piezas que fabrica al año, la cantidad de incidencias que logra resolver. «Hacemos de todo, lo que vulgarmente yo digo, planchar huevos y freir corbatas», asegura desde uno de los tornos más antiguos que tiene. Ante los retos más complicados, si no cuentan con la máquina necesaria, hasta fabrica la propia herramienta, «la inventamos y a base de dos o tres operaciones lo conseguimos», señala.
Este torneo fresador lamenta que su oficio esté en peligro de extinción y cree que se podría fomentar más por parte de las administraciones, «es bonito, creativo y demandado, creo que jóvenes que no quieran estudiar una carrera universitaria que se podrían enganchar a él».