CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Fernado Morán, un hombre con principios

Ha muerto Fernando Morán, un socialista de principios inalterables, lo que le costó el cargo de ministro de Exteriores porque nunca fue partidario de la entrada de España en la OTAN, el organismo del que receló siempre la izquierda porque lo consideraba instrumento de lo que en sus tiempos jóvenes llamaban “imperialismo americano”.

Hombre de vasta cultura, con un genio endemoniado que alternaba con una cercanía no exenta de ternura y sentido del humor. Su biografía política está plagada de anécdotas precisamente por su falta de doblez. Formó parte del mítico PSP que creó Tierno Galván, que se integró finalmente en el Psoe cuando sufrió un imprevisto varapalo en las primeras elecciones de la democracia.

Nadie pensó que Felipe González llamaría a Morán para formar parte de su primer gobierno, a pesar de su larga trayectoria profesional con destinos muy variados entre los que figuraba el consulado de Londres cuando Fraga era embajador. Se respetaban mutuamente, quizá porque los dos eran hombres de la diplomacia, los dos tenían pasión cultural … y porque hicieron esfuerzos para no coincidir excesivamente en Londres e impedir así el choque entre dos políticos de fuerte carácter y distinta concepción de lo que necesitaba la España del futuro en un tiempo en el que Franco se apagaba lentamente.

Experto en África , era el responsable de esa dirección en Exteriores cuando Felipe González le ofreció la cartera de ministro. No ocultaba Morán que se sentía feliz en el cargo, y su decepción al ser sustituido, más su tradicional carácter en el que no disimulaba nunca su estado de ánimo, le llevó a pedir explicaciones al presidente por no mantenerlo en el cargo. Hizo trabajos importantes en política exterior siguiendo la línea que le marcó el presidente excepto cuando González tuvo que tomar posición respecto a la OTAN. Pero, por ejemplo, Morán fue quien abrió la verja de Gibraltar al poco de que se formara el gobierno socialista, y el que junto a Manuel Marín, Secretario de Estado para las Relaciones con la CEE –nombre que tenía entonces la Unión Europea- llevó las negociaciones para la adhesión de España. Probablemente la fotografía de la que más orgulloso se sentía Morán fue la de la firma del Tratado de Adhesión en el Palacio Real, con los Reyes en primera fila y González, Morán y Marín poniendo su rúbrica junto a las de las autoridades comunitarias.

Su último destino fue embajador ante Naciones Unidos. Disfrutaba del trabajo y de la ciudad. Le encantaba recibir a los periodistas que habían seguido su trayectoria ministerial y visitaban la ciudad de los rascacielos. Nada gustaba más al embajador que acompañarlos a librerías de viejo que conocía como la palma de la mano.

De regreso a Madrid se dedicó a leer, disfrutar de sus hijos y nietos, y sobre todo a cuidar a su mujer, hermana del ex presidente Calvo Sotelo y delicada salud. Su compañera de vida.



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