CARTA DEL DIRECTOR

Francisco Javier Martínez


Los reyes hacen visible a Cuenca

05/07/2020

El idilio de los reyes de España, Felipe y Letizia, con la ciudad de Cuenca continuó ayer con su visita después de la pandemia del coronavirus. La presencia de sus majestades de España hay que contextualizarla en el tiempo. De hecho, la pareja real ya inició su luna de miel en la ciudad de las Casas Colgadas y regresaron hace dos años para la entrega de los Premios Nacionales de Cultura en la Catedral. Ahora, cuando la población necesita el máximo de los apoyos para salir del atolladero en el que nos introdujo el Covid-19, la pareja real quiso volver a hacer un guiño a la ciudad conquense. Aunque no fue uno de los epicentros de la pandemia, Cuenca está ahora en peligro por la falta de turistas con los que mantener la economía local y los monarcas quisieron contribuir a dar visibilidad a una de las zonas menos desarrolladas del país.
Si antes del coronavirus Cuenca y su provincia eran una de las zonas más afectadas por la despoblación, ahora lo es por la crisis del sector turístico. La visita de los reyes de España hay que entenderla como una muestra de apoyo a ese tejido empresarial que va a sufrir mucho para remontar la situación actual. Es más, el turismo en la provincia puede dar el año por perdido, aunque los municipios pequeños vean cómo sus calles se llenan de vida a cuenta de los descendientes de los hijos de la tierra que vuelven ahora para huir de las grandes concentraciones de personas en las ciudades. Es una paradoja ahora que el mundo rural suponía una rémora para el resto de la sociedad.
Tampoco hay que sobrevalorar las posibilidades del mundo rural. Hay que quedarse en el punto medio, pero si esta crisis sirve para que la España rural, la denominada España vaciada, vuelva a recobrar su pulso vital, bienvenida sea, porque el país no puede permitirse el lujo de prescindir de millones de hectáreas en pos de un desarrollismo mal entendido en torno a las grandes urbes.
Con su visita, los reyes de España hacen un llamamiento al resto de la sociedad para que giren la cabeza hacia esa España olvidada que intenta renacer y ser un lugar acogedor para vivir y para desarrollar actividades empresariales. Esperemos que nuestros gobernantes recojan el guante y apuesten de forma decidida por estas zonas mal llamadas deprimidas que cuentan con sus posibilidades de desarrollo, pero de forma sostenible y sostenida. Sólo hay que darles un empujón para volver a ser lo que fueron antes de exportar mano de obra a los grandes polos industriales del país.