COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Cordón sanitario al PSC

12/02/2021

Es una figura que tiene una cierta tradición en la política catalana relacionada también con otra que se ha dado en Cataluña con más frecuencia que en otros lugares: los cordones sanitarios hacia un partido están en la base de la formación de gobiernos tripartitos, de los que en el Principado se han dado dos, el primero de los cuales, con Pasqual Maragall por el PSC y Josep Lluis Carod Rovira, por ERC, como directores de escena, derivó en el pacto del Tinell que estableció el cordón sanitario sobre el PP, con quién no se alcanzaría ningún pacto. También el expresidente de la Generalitat, Artur Mas, firmó ante notario que tampoco pactaría nada con el PP, aunque luego los hechos desmintieron sus intenciones.

Ahora el sujeto de un nuevo cordón sanitario, trenzado por los cuatro principales partidos independentistas, es el candidato del PSC, Salvador Illa, con quién se han comprometido a no pactar sea cual sea el resultado de las elecciones. Si se tiene en cuenta que, a falta de los resultados inapelables de las urnas, tanto ERC como el PSC son los dos partidos por los que pasa cualquier posibilidad de formar un nuevo Govern en Cataluña, y dejar fuera de cualquier ecuación a los socialistas catalanes aboca a una perpetuación del problema catalán en la vía soberanista. De mantenerse ese acuerdo se impedirá la exploración de una nueva vía transversal que lo encarrile en una vía de diálogo político, en el que las acciones simbólicas y los desafíos que no llevan sino a la judicialización dejen de seguir ahondando la fractura que es visible en la sociedad catalana.

Por muy firme que haya sido la firma impresa por los líderes de ERC, JxCAT, CUP y PdeCAT, al pie del documento de Catalans per la Independència, si se diera la circunstancia de una victoria del PSC, no podrían obviar ese hecho, que sería expresión del deseo de buena parte de la ciudadanía de pasar página del 'procés', de avanzar en la reconciliación social y poner la recuperación económica por delante de los lazos amarillos, como ha propuesto Salvador Illa.

Y si es ERC quien gana, una posibilidad cierta, la duda es si Pere Aragonès está dispuesto a presidir un gobierno de coalición con los vicarios de Carles Puigdemont y el apoyo externo de la CUP -otro tripartito- con las consecuencias conocidas a lo largo de la última legislatura y con la presión de activar de nuevo la declaración unilateral de independencia, o si habrá algún tipo de entendimiento con socialistas y comunes, como ocurre en el Congreso.

El movimiento de los partidos independentistas a dos días del final de la campaña electoral tiene por finalidad ser un revulsivo para sacar de la indecisión o de la abstención a quienes todavía no han decidido qué hacer con su voto. Los estudios demoscópicos internos de última hora de cada partido dirán quién es el beneficiario de esa acción, si la víctima o los victimarios. Salvador Illa ha sido desde su reaparición en la política catalana el adversario a batir y esa maniobra puede acrecentar la simpatía hacia su proyecto y movilizar en su favor el voto útil antisoberanista. Los socialistas catalanes intentan ser la fuerza medular de la política catalana, pero cuenta solo con el apoyo de 'los comunes'

porque el centro derecha está desmantelado y también ha tejido un cordón sanitario sobre Vox.