Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


9 inmigrantes, 70 personas y una noticia

13/07/2020

Los sistemas esclavistas que se pusieron en marcha desde el llamado mundo Occidental y que estuvieron presente durante siglos, operaron bajo una distinción académica, cultural y jurídica que dividía a los seres humanos entre las personas civilizadas, cristianas, evolucionadas y con cultura; de los salvajes, primitivos, bárbaros y desprovistos de moral. Eran tiempos en los que los filósofos discutían sobre la condición de humanidad de los seres humanos, es decir, ¿somos todos los humanos igual de humanos? ¿Nos mueve la razón y somos de la misma especie? La respuesta fue afirmativa, de lo contrario, nada justificaría el dominio, aculturación, evangelización y ‘civilización’ de estas almas salvajes. Para hacer algo así, debía hacerse a seres como nosotros pero en un estadio evolutivo inferior.
A día de hoy, siglo XXI, aunque la esclavitud sigue existiendo y por poner un ejemplo, el presidente de Brasil, Bolsonaro, ha manifestado que «los indios están evolucionando y cada vez parecen más un ser humano como nosotros»; nadie en su sano juicio, expresaría, aprobaría o legitimaría esta distinción. Hasta que miras la imagen del pantallazo de un serio y formal informativo del mediodía en Antena3 y aparece una infografía con datos que distinguen inmigrantes y personas. Y entonces cierras y vuelves a abrir los ojos, y miras de nuevo la imagen. 9 inmigrantes, 70 personas. ¿Cómo es posible presentar así esos datos? Y lo que es peor, ¿por qué se genera la polémica y se identifica claramente esa distinción tan racista hasta el punto de que la cadena ha tenido que pedir disculpas? Lo es, porque en el fondo, la deshumanización de ciertos seres humanos llega a nuestros días. Prueba de ello son los hacinamientos y la explotación de temporeros inmigrantes o el secuestro y la trata de mujeres, entre otros casos. En nuestro subconsciente existe ese imaginario y ello explica lo que muchos han interpretado viendo esa imagen. Todo un despropósito que además es consecuencia de la propia intención de la noticia. Si no se hubiera informado del carácter migrante de las personas contagiadas, no se habría errado de esa manera. En menos de un minuto, el espectador atiende a la información sobre rebrotes de contagios, acompañado de la imagen de una balsa en el mar junto al dato de setenta personas, y de estas, se buscan a nueve que, cual cimarrones, hubieran escapado y anduvieran por ahí siendo un peligro público. Todo ello para al final informar que son dos las personas que han dado positivo. ¿Es noticia que en el rebrote de contagios por coronavirus haya algún inmigrante? No lo creo, más allá de señalar y provocar con el fondo y la forma reacciones racistas y xenófobas ante estas personas.
Esto es grave, no es una anécdota o un error. Esto sí merecería debate, denuncia pública y pedagogía social y periodística, para que no volviera a repetirse. Sin embargo, la política y el periodismo tienen otras batallas que librar. Arden tertulias, digitales y corrillos virtuales. Arden políticos y periodistas. Pablo Iglesias – Vicente Vallés. Al parecer se discute sobre la naturalización de la crítica y el insulto hacia personas con relevancia pública. Menuda novedad, si las críticas sin fundamento, las descalificaciones y los bandos, son la esencia en el debate público. Antena3 se ha disculpado con un escueto comunicado, admitiendo «un error gráfico de la pantalla, involuntario y desafortunado». Ya se sabe que las pantallas son máquinas deshumanizadas.