ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


Fundación Toledo

02/08/2020

No quedan espacios para cuestiones menores cuando se trata de la supervivencia. Lo sabían los antiguos al condesar la idea en la frase “primun vivere, deinde filosofare.” (Primero vivir, después filosofar”). Atacados por una pandemia, ocasionada por un virus que nos ha confinado en casa, con la previsión de una crisis económica que sucede a otra no superada, lo que ocurra en el “universo” reducido de la Cultura a nadie le quita el sueño. Es más, para algunos puede ser una liberación. En un entorno de crisis que se inició en 2008, en un ambiente confuso de incertidumbres, de nuevo crisis sanitaria y económica, con la polarización política que no nos abandona, en la Fundación Toledo se han producido algunos relevos y nombramientos. Ha cambiado la presidencia y también la dirección. La nueva presidenta se llama Dña. Xandra Falcó y el nuevo director D. Eduardo Sánchez Butragueño.

La Fundación Toledo es el mejor acontecimiento que le haya sucedido a Toledo, al menos, desde el siglo XVII, salvando el paréntesis del XVIII del cardenal Lorenzana en su faceta de promotor ilustrado. Espero que no se moleste Jovellanos. Lo que vino después fue la ciudad en decadencia, la ruina de sus edificios, el costumbrismo romántico, la inspiración alucinada de la generación del 98, las andanzas ebrias de miembros de la generación del 27, más el localismo y más localismo de corte nostálgico. En ese clima el médico, D. Gregorio Marañón, trabajó desde su adquirido cigarral de Menores para recuperar el esplendor perdido. Todo lo demás fue vacío hasta que el nieto del médico, también llamado Gregorio Marañón, tuvo la idea de crear un Fundación para intentar rescatar a la ciudad del destino aciago que se vislumbraba: despoblación del centro histórico, ruina de sus edificios, especulación en terrenos que forman parte del patrimonio histórico e irrelevancia general. Quería salvar la ciudad de derrumbes diversos, como ya hiciera su abuelo, poniendo en juego su prestigio personal, su red de relaciones y su trabajo incansable. Toledo empezó a adquirir un punto de brillo. Pero eso no siempre tiene que ser bien visto por todos. Ya saben, envidias y rencillas. Así que en los momentos de las crisis que se han venido acumulando, la Fundación empezó a palidecer y debilitarse. A Gregorio Marañón, nieto, se le pasaban facturas por actuar como había actuado en sus desvelos por Toledo. Con los nuevos nombramientos se inicia una nueva etapa. Prometedora, esperanzadora, ilusionante. La trayectoria de los responsables así lo augura.



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