"Estoy deseando que la vida vuelva a ser lo que era"

Magdalena Tsanis (EFE)
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Con un miedo atroz a contagiarse por el coronavirus, Woody Allen admite que lo único que hace es deambular por su casa huyendo de una COVID-19 que le impidió presentar 'Rifkin's Festival' en San Sebastián

"Estoy deseando que la vida vuelva a ser lo que era"

El coronavirus le mantiene casi confinado en su amado Manhattan, sin escribir y casi sin ganas de nada, aunque esa desazón  no le impide que conceda entrevistas desde su piso de Nueva York sobre su nuevo estreno, Rifkin’s Festival, cinta que inauguró el pasado Festival de Cine de San Sebastián. 
Admite que se pasa el día «deambulando» por su casa y esperando tiempos mejores.
«Estoy deseando que la vida vuelva a ser lo que era y espero que me pille vivo», indicó el director de Annie Hall o Vicky Cristina Barcelona entre casi medio centenar de títulos que lo sitúan como uno de los grandes del cine, pese a la controversia que le persigue en los últimos años a raíz del auge del movimiento #Metoo por una acusación de abusos sexuales de la que fue exonerado hace dos décadas.
Preguntado por este asunto, Allen (Nueva York, 1935) alega falta de tiempo -la entrevista apenas dura 10 minutos- para ahondar en un tema tan farragoso y del que ya dio cuenta en su libro autobiográfico A propósito de nada, publicado hace unos meses.
«Es una historia muy larga, necesitaríamos media hora solo para eso, pero está todo en mi libro explicado de forma muy clara y espero que también divertida», sostiene el director.
España parece haberse convertido en un refugio para el cineasta neoyorquino, después de que la industria en Estados Unidos le haya dado la espalda: su anterior película no fue distribuida y esta, que ha podido financiarse gracias al respaldo de la catalana Mediapro, tampoco tiene fecha en el horizonte.
A los cines españoles llegará el próximo viernes. Rifkin’s Festival cuenta el viaje precisamente al Festival de San Sebastián de una pareja, ella (Gina Gershon) es representante de un director con un ego insoportable (Louis Garrel) y él (Wallace Shawn) un escritor hipocondríaco y bloqueado en el que se proyecta la sombra del propio Allen.
Dice que lamenta profundamente no haber podido regresar a San Sebastián. «Toda mi familia estaba deseando ir, lo pasamos en grande ahí, nos encanta la ciudad, estábamos muy emocionados con la idea de ir al festival, ver a amigos, pasear por las calles..., pero todo colapsó por este terrible virus», se lamentó.
El cineasta qué más rédito artístico ha sacado a su conocida hipocondria confiesa que no lleva nada bien esta situación.
«Soy un cobarde, tengo miedo de contagiarme, he estado encerrado en mi casa durante meses», afirmó. «Al principio no salíamos nada, luego pequeños paseos de una hora, pero no eran nada divertidos porque todo estaba cerrado y te daba miedo, te cruzabas con alguien y mirabas un poco por encima del hombro por si se acercaba demasiado. Era todo muy extraño».
Dice que ahora la situación ha mejorado bastante. «Los neoyorquinos han hecho un gran trabajo para eliminar el virus y volver a realizar casi una vida normal. Además, el coronavirus ahora afecta a menos del uno por ciento, puedes pasear, con mascarilla y con cuidado... Aun así no es lo mismo, estoy deseando que la vida vuelva a ser lo que era y espero que me pille vivo».

 

Parón obligado

La COVID-19 ha interrumpido el ritmo de trabajo de Allen, habituado a estrenar una película al año. Sus planes eran rodar este verano en París, un guion que sigue en espera, junto a una obra de teatro para Broadway que tampoco podrá estrenar ya que los escenarios estarán cerrados al menos todo el 2020.
«No quiero escribir más, no quiero acumular guiones en el cajón sin que pueda iniciar alguno», afirmó, «me paso el tiempo deambulando por la casa, aunque soy meticuloso, me afeito a diario, hago mis ejercicios, toco el clarinete, pero la mayor parte del tiempo deambulo por la casa».
Al ser preguntado por el reciente cambio de reglamento en los premios Oscar para exigir que las candidatas a mejor película cumplan unos criterios mínimos de inclusión y diversidad racial, Allen afirma aplaudir la finalidad pero ve «difícil» su consecución.
«No puedes forzar a un artista a escribir de determinada manera, es un objetivo loable pero muy difícil de llevar a cabo, al menos eso es lo que entiendo», consideró. «Yo cuando escribo no estoy pensando en si hay una cuota suficiente de diversidad o si estoy trasladando el mensaje adecuado a ese respecto, escribo desde mi corazón y desde mi instinto, pero insisto en que me parece que lo que impulsa esa decisión es saludable».