Los hosteleros, contra las cuerdas: «señalados y humillados»

Leo Cortijo
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Los empresarios del sector creen que son «víctimas y chivos expiatorios» de la «mala gestión» y critican que con el endurecimiento de las medidas «pagan el pato» de los encuentros familiares y las fiestas privadas durante Navidad

Los hosteleros, contra las cuerdas: «señalados y humillados» - Foto: Reyes Martí­nez

Llueve sobre mojado para los hosteleros conquenses, que vuelven a dar la voz de alarma ante lo que se les viene encima. Con la entrada en vigor de las restricciones sanitarias de nivel 3 en la ciudad se sienten –otra vez–  «señalados y culpabilizados de forma injusta». La prohibición de atender en el interior de sus negocios y limitar el servicio al 50 por ciento en las terrazas, en pleno invierno y con un temporal de frío histórico, supone un «cierre total encubierto». Así de tajante y directo se expresa el presidente de la Agrupación Provincial de Hostelería y Turismo, José Manuel Abascal, al tiempo que considera que la gestión «no está siendo la correcta» y que se les está «humillando» y «malutilizando».

Los empresarios de este sector, tan importante en la capital, se sienten «víctimas» y «chivos expiatorios» con esta decisión y creen que «pagan el pato» de los encuentros familiares, las reuniones privadas y las fiestas en domicilios que se prodigaron durante Navidad. En este sentido, Abascal señala varios aspectos que no logran entender. Como por ejemplo, que «en pleno enero, cuando baja la clientela y tocamos a dos clientes por bar, haya que tomar esta medida» o que «siempre tengamos que pagar justos por pecadores, ya que deben actuar en aquellos sitios en los que se produzcan masificaciones o se violen las normas».

Desde la Agrupación tampoco comprenden por qué se les prohibe cerrar todo el día y no habilitar un horario de ocho de la mañana a seis de la tarde, «si lo que realmente se quiere controlar son las horas nocturnas y las copas». De hecho, inciden en que esta medida tan dañina para ellos «no es la solución», ya que el problema es la «actitud» de algunas personas, «que se van a seguir reuniendo, si no en nuestros locales, sí en sus casas».

Así todo, la situación se encuentra en un punto «prácticamente insostenible», ya que cada vez son más los empresarios que gestionan un bar, una cafetería o un restaurante, por ejemplo, que «no pueden aguantar» las continuas restricciones establecidas desde que el pasado marzo estallara la pandemia. En esta tesitura es «casi imposible» que ninguna empresa del sector pueda seguir manteniendo la resistencia «tanto tiempo». Muchos lo han hecho, dice, reduciendo gastos al máximo, tirando de ahorros personales o pidiendo ayuda a familiares o créditos al banco.

Abascal entiende que es un «milagro» plantar cara al problema, y que «algunos compañeros pueden aguantar más y otros menos, pero la cuerda se está tensando de tal manera que cada es más difícil que no se rompa». En este punto, recalca que ya hubo que hacer un «esfuerzo titánico» en marzo, abril y mayo, luego llegó octubre y noviembre «con otro golpe importante», y ahora «terminan de darnos la puntilla» en enero y febrero.

En este «complejísimo» contexto, denuncian que las ayudas brillan por su ausencia. Lo «único», comenta el máximo responsable del sector en Cuenca, han sido los préstamos ICO, «que no suponen una ayuda real, sino más endeudamiento». Además, a pesar de no poder trabajar durante varios meses, «tenemos que seguir pagando todos los impuestos religiosamente como si no pasara nada». Con estos mimbres sobre la mesa, «con la facturación reducida a la nada y siendo más rentable estar cerrados que abiertos», el presidente de los hosteleros vaticina que a partir de este momento y durante las próximas semanas se destruirán muchos puestos de trabajo en el sector.

Abascal defiende a capa y espada que la propagación del virus no se produce de forma tan importante en bares y restaurantes, sino en encuentros privados y reuniones familiares. Esto es algo, dice, que han argumentado por activa y por pasiva sin que nadie les haga demasiado caso. Cree que las administraciones deben apuntar el foco hacia otro lado. Es más, recalca que los negocios de hostelería, lejos de ser el problema de todos los males, podrían ser un «gran aliado» para atajar el asunto. «Es preferible que la gente esté en nuestros recintos cumpliendo una serie de normas y controlados, a que hagan reuniones por su cuenta y riesgo, en domicilios particulares y sin seguir ningún tipo de medida de prevención». En Cuenca, para más inri, sentencia al respecto, «la mayoría de locales de hostelería están dedicados a personas adultas que vienen, cumplen todas las normas como deben y no se quitan la mascarilla más que para beber el café o la caña».

Más reacciones. Uno de los mejores ejemplos para pulsar la opinión de la hostelería conquense es Nacho Villanueva, gerente del restaurante Recreo Peral. No se anda con tapujos para tildar el paso a nivel 3 como «la puntilla» para muchas empresas del ramo, ya que lo de trabajar únicamente en exterior es, directamente, «una memez con la que está cayendo». Su sociedad da trabajo a más de una veintena de empleados y por eso se pregunta cómo es posible que cualquier empresa con ese volumen y que no factura apenas, aunque incluya a sus empleados en un ERTE, pueda hacer frente a los seguros sociales. En su caso, sin ir más lejos, esa cantidad ronda los 7.000-8.000 euros mensuales. A esto, cualquier hostelero tiene que añadir los suministros básicos, así como el alquiler del local. En definitiva, sentencia al respeto, «es misión imposible». Por eso insta encarecidamente a las administraciones a que «cojan el toro por los cuernos, apliquen el mayor ritmo posible de vacunación y no echen la culpa de todo a la hostelería».

Quico Pérez, responsable del restaurante Nazareno y Oro, por su parte, ahonda en la mala gestión de esta crisis apuntando que «se están dando muchos palos de ciego». Después de una Navidad que no ha sido, «ni mucho menos», buena para el sector, llega este «cierre encubierto» que supone un «varapalo tremendo y perder lo poco que se ha ganado y lo mucho que se ha invertido» en las últimas semanas. En su opinión, «nos han dejado trabajar estos días para darnos vidilla y para seguir tributando, y ahora que se supone que hay menos actividad, nos vuelven a cerrar».

Jesús Segura, chef Estrella Michelin a los mandos del restaurante Trivio, no considera «justo» el cierre «indiscriminado y generalizado» de todos los negocios de hostelería, ya que «lo correcto» sería pasar factura a aquellos empresarios que se saltan las normas a la torera. «Se cierran sitios que son seguros y se dejan abiertas terrazas y cerramientos que no lo son», finaliza.

Nuevas movilizaciones. Con las restricciones sanitarias de nivel 3, que ponen al sector «contra las cuerdas», éste se moviliza. La Agrupación Provincial de Hostelería y Turismo, en boca de su presidente, José Manuel Abascal, no descarta nuevas concentraciones como, por ejemplo, la que protagonizaron junto a HC Hostelería el pasado mes de septiembre. Todo dependerá, asume Abascal, de la directriz que se marque a nivel nacional. En los próximos días se celebrará una reunión –avanza– y ahí se verá qué determinación toman. Lo cierto es que los ánimos están «muy caldeados».

«Nosotros siempre hemos agotado y agotaremos la vía del sentido común y del despacho, pero como parece que en política se ve todo diferente a la realidad, porque parece que ésta no interesa, pues llegaremos hasta donde tengamos que llegar», argumenta al respecto. El representante del sector critica que todavía siguen «esperando» ayudas, como el plan de rescate anunciado por el Gobierno, que contempla una batería de medidas fiscales y laborales.