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Jesús Fuero

TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


Inflación cortesana

14/03/2022

Los que me conocen saben que tengo ganadería brava y albéitar. Mis amigos se interesan por mis abejas, o me las nombran para que yo no les mente otras cosas «quiquiricosas», ¡que nunca se sabe! Se algo sobre el mundo abejil, sobre toros quijotescos y la piara molinesa de la tercera salida quijotil que arrolló a los protagonistas a su paso por la Serranía, y que entonces, como hoy, servía de alimento a unos seres indeterminados que determinaré. Unos se alimentan de las piaras y viven en las Cortes, otros son parte de la cadena de alimentación de las Cortes y viven en macrogranjas, llamémoslas urbes. Son supuestos beneficiarios de la cadena de alimentación que sin esas otras cortes pasarían hambre. Normalmente se distinguir entre Corte y corte, entre unos cerdos y otros, utilizando un recurso narrativo como es la personificación en algunos casos, y no siempre es fácil, que hay cerdos de muchas «especies». Los hay que son miméticos y superan con su posverdad a la mentira con que se disfrazan al mismo Latre, Mota o Reyes. Hay algunos pata negra que han pasado toda su vida laboral alimentándose de las abundantes bellotas de las Cortes, auténticos bellotaris, y ya que hablo de ellos diré que algunos se morirían de hambre si estuvieran en macrogranjas de esas que regentan autónomos. También si tuvieran que ganarse el menú picando pinos, ya que sus manos «delicadas» no son aptas para la vida montaraz, si acaso para unas tiernas manitas de... Los abandonados de los pueblecitos sabemos que la cabra tira al monte, o al risco si barruntan una buena tormenta. El abandonado aldeano en época de sed se sabe alimentar de cabras, sabe que los cabrones y los cabritos no dan leche, y aunque algun@s quieren chupar de la teta del macho alfa, saben ellos que del cabrón, a pesar de sus abultadas protuberancias, nada sacarán, que si se están quietos es porque les da gusto, y en las Cortes también hay alguno al que le gusta que se la…, y contento se ha de dar el osado si no le da una corná. 
   Quería hablar hoy de las macrogranjas, pero no sé lo que son. Yo cuando viajaba en la Campichuelense llegando a la Frontera cerraba la ventanilla, y hoy sigo haciendo lo mismo cuando paso en auto. Hay pueblos como Tarancón con mucho empleo, y los cerdos tienen mucho que ver. Y veo que hay pequeñas naves por muchos pueblos del campichuelo, la manchuela y la mancha alta, y sé que algunas familias viven de esas construcciones. Oigo hablar de ello en los medios, y he leído lo que dice un experto, como mi amigo Vicente, de eso de las macrogranjas, y ganadero como él, como aguijonado por mi ganadería brava, me sumo a sus palabras: "no estoy ni a favor ni en contra". Yo sé que la gente bebe agua normalmente, pues se dé alguno que solo bebía vino, y por su pellejo creo que tanto vino le ayudaba a adelgazar. Y digo agua, ya que con tanto abono químico y los productos fitosanitarios que se esparcen por doquier en las tierras cultivadas casi todos los acuíferos están contaminados, y dan ganas de saborear la vida de una manera más placida, aunque sea a base de tintorro con sulfitos. Como decía al principio cuando hablaba de otra cosa, unos se alimentan de pata negra, y otros del jamón blanco que venden en Tarancón o Bermejo, con o sin vino, que las chuletillas de cordero y el chuletón se han vuelto imposibles con tanta inflación cortesana. Fuera las macro Cortes.