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Una jornada que salió del revés

Diego Izco
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Un Barça hundido se ve ahora capaz de todo, el Madrid era imparable y se quedó a cero, y al Atleti le hicieron 'un Atleti': primera derrota del curso. Míchel y el ritmo del fútbol moderno: contradicción en Getafe

Una jornada que salió del revés - Foto: ALBERT GEA

El fútbol es así», la frase que lo resume prácticamente todo:incluso que nada de lo previsto, ni siquiera lo más lógico (lo que implica a los favoritos),salga como esperamos. Un Real Madrid lanzado, segundo máximo goleador de Europa, puede quedarse a cero ante el Villarreal, agarrarse a Courtois como a un clavo ardiendo e incluso ‘jugar’ a eso de calentar el ambiente a raíz de un ‘penaltito’ (señalable... o no) de Albiol a Nacho que se fue al limbo; un Barça en crisis, incapaz de ganarle ni al Granada ni al Cádiz, recupera a Ansu Fati y de repente se ve capaz de todo: notable partido azulgrana ante un Levante desconocido. Y gol del muchacho para llevar al Camp Nou de la depresión a la euforia en un zapatazo; y un Atleti traicionado por un Alavés que le pagó con su propia moneda: gol tempranero (a los tres minutos ya perdía en Mendizorroza) y al achique. El campeón todavía no sabe a qué juega: como si hubiese demasiadas piezas de lujo para seguir ‘partido a partido’ y no supiera ser ambicioso. 

 

Los banquillos

Quizás en otro banquillo, Míchel (Getafe) ya hubiese sido cesado. Quizás en el momento de escribir estas líneas se está sellando su finiquito, de todas formas... La maniobra del club azulón es arriesgada: quiere pasar de un estilo como el de Bordalás a uno como el de Míchel, de una presión medida, un juego tremendamente agresivo y dominando las artes del ‘otro fútbol’ a una táctica más abierta, más combinativa y brillante, que despeje los partidos y no los convierta en habitaciones con olor a cerrado (algo en lo que se movía a las mil maravillas con el hoy técnico del Valencia). Son otras armas, igualmente válidas, mientras funcionen: hay que preguntarse si el fútbol moderno, en el que los días apenas duran 90 minutos y la paciencia es un bien escaso y carísimo como la trufa blanca, admite giros tan radicales o si hay tiempo para efectuar una mutación tan drástica. Lo mismo le sucede a Robert Moreno en el Granada tras Diego Martínez: un puñado de buenas intenciones sin resultados. A veces, ni una pretemporada es tiempo suficiente para tanto cambio.