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Dos años de lucha sin descanso

Manu Reina
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El coronavirus sigue latiendo desde su irrupción en marzo de 2020 y los expertos piden estar «en alerta» porque «todavía no ha desaparecido»

Dos años de lucha sin descanso - Foto: Reyes Martínez

Después de la tormenta llega la calma. Al menos así lo dicta el refrán. Y la evolución sanitaria parece seguir los cánones de este dicho tras seis olas diferentes de una pandemia que, por desgracia, todavía no ha desaparecido. Y los expertos tampoco saben descifrar cuándo llegará a su fin. La realidad actual parece dictar algo distinto, pero no cabe duda de que el coronavirus sigue todavía entre los mortales. Eso sí, con una carga vírica inferior a otras etapas anteriores de esta enfermedad y con una letalidad menor con respecto a los primeros meses de la pandemia. El punto de inflexión llegó con la aparición de las vacunas. Y es que la vacunación jugó un papel fundamental tanto para reducir las consecuencias graves por infección de esta enfermedad como para minimizar las probabilidades de fallecer a causa de este virus. 

Han pasado ya 24 meses desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarase el brote de coronavirus como COVID-19 y una pandemia como tal. Hay que remontarse hasta el 11 de marzo de 2020. Hasta la fecha han pasado dos años donde la población mundial ha luchado por no enfermar y por hacer frente a un virus letal sin precedentes en este siglo XXI. En este periodo de tiempo ha habido diferentes épocas en España donde la ciudadanía no ha dejado de luchar bajo un marco de normas, obligaciones y restricciones que iba cambiando a medida que mejoraba o empeoraba la situación sanitaria. Atrás quedan esos meses de angustia bajo un estado de alarma que impedía salir de casa y que colapsó los hospitales por la alta incidencia de contagios. Una de las épocas más negras del país debido al alto número de fallecimientos.

 El uso de la mascarilla tanto en exteriores como en interiores, las reuniones familiares, el número de personas para celebrar una festividad o para despedir a un ser querido, asistir a las residencias de ancianos, son sólo algunas situaciones cotidianas que la población tuvo que cumplir bajo una serie de medidas. Pero siempre unas situaciones sujetas a las medidas sanitarias vigentes en cada momento. 

Si bien, la situación actual para nada tiene que ver con los inicios de este virus, «la pandemia no se ha acabado porque tenemos todavía valores de incidencia muy altos», explica el profesor de microbiología de la facultad de farmacia de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), Antonio Más. Este docente relata que «podemos ser optimistas porque han disminuido mucho los casos graves pero aún no se puede cantar victoria». Entre otras cosas porque como se ha podido comprobar «los virus cambian mucho y se pueden originar variantes con comportamientos que no podemos predecir», subraya Más.

No cabe duda de que la vacunación llegó para poner en jaque al coronavirus. El punto de inflexión. Eso hizo que el número de personas que ingresaban en los hospitales con consecuencias graves «se redujera mucho», apunta el profesor de microbiología. Y es que «ha sido un antes y un después para combatir esta pandemia». Pero si se ha llegado a este punto es «gracias a las investigaciones que se han hecho en las últimas décadas», detalla Más. Además, este docente de la UCLM recalca que «la sociedad debe hacer hincapié en tener una estructura de investigadores lo mejor formada y dotada posible» para así tener «un futuro mejor». 

También es destacable que la situación actual, después de «dos años muy duros en el termino psicológico», es «mucho más estable ya que las medidas restrictivas más duras han acabado», expresa la psicóloga, Luz María Chacón. Y es que durante estos años «se dispararon los casos de depresión hasta tal punto de que las personas no sabían cómo gestionar sus vidas, especialmente en los jóvenes y en los mayores», apunta Chacón. Por ello, es recomendable «tranquilizarse uno mismo y ver las cosas de forma positiva, por muy oscuro que sea el panorama», detalla esta psicóloga. Dos años de lucha incesante ante una pandemia que no se ha rendido. El futuro está todavía por escribir pero no hay duda de que nunca hay que bajar la guardia.