CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


Juncker, Naruhito, Torra

Último capítulo del desmadre catalán. Suspendido el encuentro previsto por España Global (órgano divulgador de las razones del Estado frente al desafío soberanista) para explicar la reciente sentencia del Supremo a los 90 cónsules extranjeros acreditados en Barcelona. Razones oficiales de la suspensión: el temporal de lluvias sobre Cataluña. La reales son otras: evitar males mayores en acciones anunciadas por los activistas para impedir el acto. 
Tras el fracaso, por incomparecencia de los cónsules, de un acto similar convocado hace días por el consejero Acción Exterior de la Generalitat, Alfred Bosch, para denunciar el sadismo de la sentencia, se entiende el ataque de contrariedad de los indepes. Pero no la incongruencia de una causa que siempre invoca el pacifismo y la libertad de expresión. 
Los cónsules pueden ser acusados de complicidad con el represor estado español. No me extrañaría. Tampoco me extrañaría que se quiera estigmatizar al nuevo emperador de Japón, Naruhito, por haberse comprometido a defender la Constitución y la unidad del pueblo japonés. O tachar de fascista a Jean Claude Juncker, presidente saliente de la Comisión Europea, por arremeter en su despedida contra los "estúpidos nacionalismos". En la mente de todos, el Brexit y la llamada cuestión catalana. 
A Juncker no le van a perdonar los independentistas su firme defensa del orden constitucional del Reino de España frente al proceso de desconexión catalana, cuyo desenlace fue el judici ante el TS y la consiguiente sentencia. Eso ha puesto en evidencia el "dramático vacío" que aqueja a la institución presidida por Quim Torra, según denuncia pública de Jordi Sánchez, uno de los condenados (nueve años de cárcel) por integración en la trama civil de la consabida estrategia sediciosa. 
Si Sánchez se ha referido a la "desorientación" de la Generalitat en esta Legislatura, la expresidenta del Parlament, Carmen Forcadell (11 años de cárcel) ha condenado la violencia de ese independentismo radical que ya ve a los mossos como "fuerzas de ocupación", tras su actuación en los días de la ira. No lloró al conocer la sentencia, pero si al ver cómo ardía Barcelona. 
Dicho sea como nueva señal de la fractura independentista, frente a la que ha reaccionado el Parlament en el ejercicio de su función declamatoria. Contra la Monarquía, por la soberanía del pueblo catalán y a favor del derecho de autodeterminación. Una carta a los Reyes Magos (moción admitida a trámite), que sirva para disimular la dañada unidad entre ERC, JxC y Cup. 
Debate y votación, después del 10-N. Si pasa de las musas al teatro, ya vendrá la rebaja con las advertencias del TC. No olvidemos que el miedo al banquillo, la cárcel o el autodestierro está muy vivo entre los dirigentes indepes


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