Editorial

El centroderecha se rearma con la primera coalición en el País Vasco

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«Se le van a hacer muy largos cuatro años de bronca». De esta forma se dirigió el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al líder de la oposición, Pablo Casado, ayer, en el Congreso de los Diputados en el transcurso de la segunda sesión de control, especialmente marcada por el caso de la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, y los reproches mutuos en estos primeros tanteos de la legislatura. En este escenario, el Partido Popular es consciente de que si quiere tener opciones de lograr una mayor representación en territorios como el País Vasco y Cataluña, donde en las últimas elecciones generales obtuvo unos pésimos resultados, solo le queda el camino de la coalición con Ciudadanos para rearmar el centroderecha de cara a tener posibilidades de volver al gobierno dentro de cuatro años, el tiempo al que aspira Sánchez para agotar la legislatura.
En Euskadi, Alfonso Alonso, líder del PP vasco, será con casi toda seguridad el encargado de encabezar esta unión que servirá de laboratorio de pruebas junto a Cataluña para abordar nuevos escenarios. Hasta el momento, la división en el centro, pero sobre todo, en la derecha, hizo que el PP cosechara, entre otros motivos, los peores resultados desde su fundación. Inés Arrimadas, de Ciudadanos, es consciente también de que estos cuatro años de la legislatura se pueden hacer muy largos para los naranjas si no suman fuerzas, no con acuerdos postelectorales, como han hecho en Andalucía, Castilla y León y Castilla-La Mancha en comunidades y ayuntamientos, sino con la elaboración de listas conjuntas para poner en apuros a la izquierda que, pese a su división también, ha conseguido capitalizar gran parte de los votos y llegar a una coalición que era impensable antes de las últimas elecciones.
Sánchez e Iglesias han diseñado una estrategia duradera -no sin dificultades como la mostrada ayer sobre la política migratoria- que les permitirá acaparar el foco mediático y lo más importante: por mucho que vire la opinión pública por polémicas o malas decisiones, las cuentas para formar ejecutivo por parte del PP son prácticamente imposibles en futuras citas electorales. Es tal el peso y el auge de Vox y de los partidos independentistas en la Cámara baja que cada vez es más complicado armar mayorías sólidas sin ecuaciones que ahora parecen impensables. El Ciudadanos de Rivera perdió la oportunidad de ser la bisagra del centro y la izquierda, y ahora se encuentra a las puertas de una refundación que pasa por encontrar aliados para su supervivencia. Es tan así que ya ni siquiera está en una posición de exigir. Feijóo se lo ha recordado estos días desde Galicia. Hay que esperar hasta dónde ambas fuerzas son capaces de sumar en estas comunidades de marcada territorialidad de los nacionalismos. Abascal permanece al acecho. 



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