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La guerra de Podemos

Pilar Cernuda
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El conflicto en Ucrania agudiza la fractura en la formación morada tras el aplauso en el Congreso de Yolanda Díaz al envío de armas que contrastó con el silencio hosco de Ione Belarra e Irene Montero

La guerra de Podemos - Foto: Chema Moya

Yolanda Díaz nunca se ha afiliado a Podemos y no se va a afiliar. Al contrario, cada vez es mayor la distancia que la separa de la actual dirección del partido que Pablo Iglesias pretendía que ella dirigiera. No lo dirige porque no ha dado ningún paso en ese sentido, ni lo va a dirigir. 

Ione Belarra e Irene Montero seguirán siendo sus principales cabezas, aunque no se sabe durante cuánto tiempo, porque las siglas se devalúan cada día que pasa. Las dos son ministras pero su papel es irrelevante en el Gobierno; Sánchez no despacha con ellas sobre cuestiones políticas. El presidente despacha con Yolanda Díaz, aunque no excesivamente. 

Esta semana, por ejemplo, habló con ella el martes por la tarde para anunciarle que en la sesión del Congreso del día siguiente anunciaría su marcha atrás en su decisión inicial de no enviar armas a Ucrania más allá de la operación organizada por la UE a través de un fondo especial. Yolanda Díaz le dio su apoyo, pero no informó a Belarra, que al día siguiente, al igual que Montero, no aplaudieron cuando el presidente explicó que había reconsiderado su posición anterior. Yolanda sí lo hizo.

El cambio de criterio se debe a muchas razones. Sánchez dio argumentos humanitarios, de guerra desigual e injusta. Pero la razón principal era, aunque no lo dijo, que su posición, incomprensible para la mayoría de sus compañeros europeos, podía provocar que la cumbre de la OTAN que se celebrará dentro de pocos meses en Madrid, se desplacase a otro país. 

Y había una segunda razón: a Pedro Sánchez le preocupa el cambio que se está produciendo en el PP, que saldrá reforzado por el relevo en la Presidencia, Núñez Feijóo en lugar de Pablo Casado. 

El que será nuevo líder a partir del 2 de abril es un rival mucho mas potente, más peligroso, que Casado. Sánchez ya no tiene tan asegurada la reelección como hace unas semanas, y cuanto menos motivo dé al nuevo PP para tratar de ganarle la batalla, mejor. En ese sentido, aparecer como un presidente que defiende políticas de Estado y al mismo tiempo se distancia de un Podemos a la deriva, mejor. Sánchez no tiene intención de romper la coalición, si hay ruptura que sea Podemos quien lo decida. Cuenta hoy con una baza importante: podría seguir en el Gobierno hasta el final de le legislatura con el apoyo de Ciudadanos, partidos nacionalistas centrados … y la abstención del PP. Porque el cambio en el PP abre esa posibilidad, o eso piensan Sánchez y su equipo. Feijóo sabría «vender» que su partido es capaz de una decisión de ese tipo demostrando así su voluntad no solo de abrir cauces de colaboración en asuntos de Estado sino que da el paso adelante necesario para acabar con la presencia en el gobierno de un partido populista, radical y en muchas cuestiones anticonstitucional.

Un escenario que no han advertido Belarra y Montero, aunque sí Garzón y Subirats, los cuatro ministros que, junto a Yolanda Díaz, conforman el equipo gubernamental de Podemos. La guerra de Rusia contra Ucrania afecta por tanto directamente al futuro de Podemos, que ya se presentaba incierto desde hace tiempo, como se comprueba no solo con los sondeos, unánimes en ese sentido, sino con los resultados que ha tenido en las últimas convocatorias electorales. 

Yolanda ya tenía en cuenta esa situación a la baja cuando Pablo Iglesias dejó el gobierno y la designó futura secretaria general de Podemos, a la espera de la confirmación por parte del consejo ejecutivo. No hubo esa confirmación porque Díaz no solo no presentó su candidatura sino que no pidió la militancia. 

Mientras, las relaciones con Belarra y Montero se han convertido en inexistentes, o de confrontación como la que se visualizó el pasado miércoles a costa del envío de armas a Ucrania. Los únicos apoyos que tiene Yolanda Díaz en Podemos son los de Izquierda Unida, y Ada Colau como principal representante de En Comú. 

No tiene suerte Yolanda Díaz en la elección de sus compañeros de plataforma. Más Madrid ya ha anunciado que no se suma a ella. La situación de esa plataforma está tan poco desarrollada que Díaz sí ha adelantado que no se presentará a las elecciones andaluzas, que tienen que celebrarse en octubre como fecha límite.

Los apoyos que sirven de punto de partido para el trabajo de crear esa organización los tiene en Cataluña con En Comú, y también en los comunes gallegos. Cree que a través de Mónica Oltra podría sumarse Compromis a su proyecto, pero hasta ahora no se ha advertido más acercamiento hacia la de la vicepresidenta del Gobierno central que el de la vicepresidenta del gobierno valenciano, Oltra.

El plan b

En su entorno dan a entender que Yolanda Díaz tiene un plan B para el caso de que no salga adelante la plataforma: integrarse en una lista socialista como independiente. Cree que Pedro Sánchez la acogería en el caso de que su desvinculación con Podemos fuera definitiva y además renunciara a crear un nuevo proyecto político.

Es una posibilidad, pero en el PSOE no tienen precisamente una gran opinión de Yolanda Díaz, e incluso explican que forma parte del Ejecutivo por exigencia de Pablo Iglesias. Ni la consideran una política extraordinaria -incluso afirman que es mucho mejor su secretario de Estado, conoce mejor los temas que la vicepresidenta- y comentan también que la ven excesivamente pagada de sí misma, hasta el punto de que da una importancia exagerada a su aspecto físico. Lo critican, e incluso se hacen eco de los comentarios y memes que circulan por las redes sociales.

Desde hace meses es creciente el alejamiento de Yolanda Díaz con Podemos y, lo más importante, el alejamiento de Pedro Sánchez con Podemos. Incluido Pablo Iglesias. Cuando se le pregunta al exlíder de Podemos -quizá todavía lo sea, vista la irrelevancia de Belarra- responde con un ambiguo «estamos en contacto», lo que niegan las personas más cercanas al presidente. No existe contacto entre ellos, más allá de alguno de tipo casual. 

 Los dos factores señalados, la guerra de Ucrania, y el cambio profundo del PP, son factores a tener en cuenta para tratar de hacer un pronóstico de futuro. Pero si hay que apostar, todo apunta a que no se repetirá en el futuro un gobierno de coalición entre PSOE y Podemos. No ha sido un éxito, sino un foco de problemas. Aunque ha servido a Sánchez para sacar adelante sus proyectos más polémicos.