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Homilías en la red

Leo Cortijo
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Con un registro «peculiar», el sacerdote Declan Huerta se gana la admiración y el cariño de 15.000 seguidores en 'Twitter' gracias a un perfil en el que muestra su «propia naturaleza»

Homilías en la red - Foto: Reyes Martí­nez

En Twitter se presenta como «Declan, ese cura». Y se autodescribe como «novohispano», apoyado en que su padre nació en México pero es de origen español. Su madre –y de ahí su nombre– es irlandesa. Se reconoce «alistado para la batalla definitiva desde 2001», en referencia al año en el que se ordenó como sacerdote. Pero aquí no acaba la cosa, pues en este escaparate digital también hace suya la locución latina Carthago delenda est, atribuida a Catón el Viejo una vez que finalizaba sus discursos en el Senado romano durante los últimos años de las guerras púnicas. Así se le puede conocer en las redes sociales tras un primer vistazo. Pero la verdad es que merece la pena seguirlo y conocerlo más en profundidad.

Declan cree que esta manera de presentarse define lo mejor de sí mismo. Algo que está en su «propia naturaleza» y que Dios perfecciona como si de una labor de orfebrería se tratara. Sabe que su registro es «un tanto peculiar», pues maneja como pocos –y al mismo tiempo– el humor y la ironía. Siempre dentro de los cánones del respeto y la coherencia. Para él, Twitter es «como un bar en el que te juntas con la gente de siempre y hablas de lo que te gusta». En este sentido, «sale de todo». Desde fútbol hasta política, pasando por historia, filosofía, amor, amistad… Lo que está claro, apunta, es que «cuanto más auténtica es una persona en las redes sociales, más bien hace». Por eso Declan –ni más ni menos– expresa «lo que soy», aunque haya gente a la que le pueda «chocar».

Las redes sociales son una herramienta de comunicación con un potencial inmenso, especialmente entre los jóvenes. Eso es una evidencia que este cura no niega. Ahora bien, también tiene claro que a pesar de que en las redes haya que adaptar el código del lenguaje, con la fe «no se juega». «No hago rebajas, ni reducciones, ni interpretaciones populistas para captar la atención», argumenta, pues «la fe es algo muy serio e intento mostrarlo con toda fidelidad». Dicho esto, «esa fidelidad la muestras con los medios que tienes a tu disposición y Twitter es uno de ellos». Eso le ha generado un sinfín de experiencias, la gran mayoría de ellas positivas. Y pone un ejemplo: «Hay gente que no es de levantarse un domingo por la mañana para ir a misa y, sin embargo, repasando su red social mientras se toma el café se encuentra con mi homilía en un tuit».

Éste  no es el único caso en el que Declan ha servido de ayuda a través de Twitter. No son pocos los que a raíz de las redes han hablado con él sobre asuntos personales, laborales o familiares que les preocupaban. A algunas de estas personas, incluso, las ha «desvirtualizado», o lo que es lo mismo, los ha conocido en persona. «De las cosas más bonitas que he vivido en Twitter es poner rostro a algunos usuarios», recalca.

En el otro lado de la balanza, ha aprendido a «tomar distancia» de los trolls, es decir, aquellos que le escriben para menospreciar su labor. En estos casos, «que son los menos», dice, «cojo el capote, le doy dos o tres pases para ver por qué ha embestido, y si sigue por ese camino lo silencio».

Esta forma de ser y estar tan activa no solo se produce a través de internet y de forma virtual, sino también en la vida real. Declan es párroco en el Cristo del Amparo, en Tiradores. En este barrio tan señero de la ciudad lleva a cabo una labor asistencial capital, aunque él prefiere repartir méritos. «Es la gente de la parroquia la que hace esa actividad, y yo tengo el privilegio de poder acompañar, ayudar y aprender... Esa labor caritativa la hace un grupo de voluntarios muy entregado que saca tiempo de donde no hay para pensar en los demás». Indiscutiblemente, él forma parte de ese engranaje y es pieza fundamental, aunque se atreve a decir que no es «de las ruedas más grandes»... ¡Cuántos Declan hacen falta!