TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Errar

01/10/2020

Equivocarse para mejorar, errar por amor, fallar para que se produzca una catarsis… Ésa es la explicación, más o menos, que ha dado Leo Messi al septiembre más oscuro. Porque ahora está todo más o menos equilibrado sobre las espaldas de Koeman, vale, pero ¿recuerdan cómo estábamos anteayer? Lo del burofax, el City o el PSG o el United o la Juve, ¡que sonó la Juventus!, lo de las cuentas de la lechera y el «qué nos compraremos si se va Leo» a cambio de «qué ganaremos si se va Leo» y esas dos o tres semanas de mareo a la perdiz. Hoy, con las aguas aparentemente en su cauce pero mucho recelo y miradas de reojo hacia el palco, Messi dice: «Cometí errores, pero fueron por hacer un mejor y más fuerte Barça». Un sincero aplauso a su asesor de comunicación, porque es la frase que cierra el círculo. Y aunque el culé con dos dedos de frente, supongo que inmensa mayoría, sabe que es media mentira para salir del atolladero (¡En algún momento tendrá que explicar el capitán qué es lo que pasó por su cabeza aquel 25 de agosto!), Leo tiene crédito para colar unas cuantas trolas y salir inmaculado.

«Todo el mundo tiene derecho a cometer un error», le decía el niño al padre con un mal examen en la mano. «¡Pero no siempre!», respondía el padre sacando una colección de suspensos del cajón. Y es que equivocarse es lo normal en medio de la calentura, pero no puede convertirse en una rutina: un capitán de la repercusión de Messi no puede permitírselo por infinito que sea, en efecto, ese crédito. El tiempo, el sentido común y aquel asesor que les refiero han construido el argumento del fallo individual que busca la reacción y el beneficio colectivo. Vale, lo compramos. Ahora, si conocemos un poquito a la 'culerada', la masa social está esperando que Bartomeu y su junta aclaren con qué objetivo se han equivocado tanto…