El omnipresente Puigdemont

J.M.F (SPC)
-

El expresident ha ejercido una gran influencia sobre el Govern que surgió a raíz de los comicios del 21 de diciembre de 2017, con Torra como sucesor

El omnipresente Puigdemont - Foto: Quique Garcia

Tenía muchos planes el expresidente de la Generalitat catalana Carles Puigdemont el domingo 29 de octubre de 2017. El principal, ver a su Girona (fue alcalde de la ciudad) jugar contra el Real Madrid (ganaron 2-1). Yal día siguiente había convocada una reunión del comité nacional del PDeCAT a la que no podía faltar después de haber leído la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) el viernes anterior. Pero lo cierto es que faltó a las dos citas. ¿La razón? Tenía que huir de la Justicia española para no compartir el destino de otros líderes del procés como Oriol Junqueras, Carme Forcadell o Los Jordis.
La fuga fue rocambolesca y contó con el apoyo de varios mossos d’Esquadra leales a la causa. Su esposa le sacó ocultó del garaje de su casa y el líder de JxCat cambió otras dos veces de coche antes de alcanzar La Jonquera. Yde ahí a Bruselas. 
En cuanto se supo lo que había huido, el juez Pablo Llarena, instructor del caso, emitió una euroorden contra él, pero, tras varios días de deliberación, la Justicia belga se negó a extraditarlo. Yes que Puigdemont, muy bien asesorado por un prestigioso abogado que había defendido a etarras, Paul Beckaert, acudió a una comisaría en la capital del país centroeuropeo junto a los exconsejeros Antoni Comín, Clara Ponsatí, Lluís Puig y Meritxell Serret, que le acompañaron en la aventura. De hecho, fijó residencia en Waterloo. Todo un símbolo quizás.
Cuesta creer que hayan pasado ya tres años de la fuga del gerundense y siga en libertad. Cierto es que fue arrestado en Alemania el 26 de marzo de 2018 y pasó 12 días en la cárcel de Neumünster hasta que la Audiencia territorial de Schleswig-Holstein decidió dejarle marchar. 
Mientras, en Barcelona, tras dos investiduras fallidas (la suya y la del encarcelado Jordi Sánchez?), Puigdemont colocó como sucesor a su peón más fiel, Quim Torra, que era un neófito de la política. Se nota que no estaba curtido en ella porque algunas actuaciones, como la negativa de Sánchez de hablar con  él por teléfono  que derivó en un vídeo, causó sonrojo entre muchos de sus compañeros.
La sumisión de Torra era tal que se negó a utilizar el despacho de Puigdemont, como si fuera a volver algún día y lo hiciera como president de la Generalitat. 
Desde su retiro (él prefirió llamarlo exilio) en Waterloo hizo propaganda de la causa independentista que con tanto ardor defendía, pero también controlaba la Generalitat y su partido político. Así, en el Govern era el presidente en la sombra  en tanto que en el partido todo lo quería controlar. 
Detrás de los plantes y exabruptos de Torra se encontraba él y su hoja de ruta, tensando siempre la cuerda con Madrid... Pero también con Barcelona, ya que las relaciones entre Puigdemont y su antiguo número dos y líder de ERC, Oriol Junqueras, nunca fueron buenas, pero con su exilio dorado fueron a peor.
Llegó a forzar tanto la situación con Esquerra que parecía un juego sobre quién era mas independentista, sobre todo teniendo en cuenta que las elecciones están a la vuelta de la esquina, y que a nadie le extrañe que vaya a ver un Tripartito PSC-ERC-Comuns por mucho que PP y Cs busquen una lista transversal y constitucionalista,