Hermanos fraternales

Jonatan López
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El Covid-19 roba a la Hermandad de San Isidro (Vulgo de Arriba) una de las tradiciones más hondas y arriagadas en la capital, que se celebra desde el siglo XVIII

Hermanos fraternales

Probablemente sea una de las hermandades más antiguas de la provincia y, de seguro, una de las más singulares puesto que pervive de generación en generación y conserva su tradición sin cambiar un ápice la costumbre. Precisamente, esta semana, debía honrar a San Isidro procesionando con su imagen en una bella estampa que se repite cada año. En esta ocasión, el Covid-19 roba a los hermanos la posibilidad de repetir  y reencontrarse con el hábito. 
La ‘Venerable Hermandad de San Isidro Labrador, (Vulgo de Arriba)’ se fundó en 1733, año en el que se concluyó la ermita que domina los acantilados de la hoz del Júcar. Compuesta por 264 hermanos, ha resistido el paso del tiempo, los envites de las guerras y hasta las pandemias que se han sucedido desde su fundación. «En toda la historia de la hermandad nunca nos había ocurrido tener que suspender por un motivo como éste. Se hizo durante la Guerra Civil, pero por una pandemia no», cuenta Florián Belinchón, su presidente, que afirma no tener constancia de que se tuviera que aplazar por la llamada Gripe Española que causó víctimas entre 1918 y 1920.
Y es que la hermandad es una pequeña gran familia donde todos se conocen, ya que «se accede por ascendientes. Los que hemos tenido familiares formamos parte de ella, hasta que se paró la entrada como hermanos numerarios. Somos muchas familias que tienen su origen en la parte alta de Cuenca y todos nos conocemos». Tanto y hasta el punto de preocuparse unos y otros, y ayudarse en caso de necesidad. «Lógicamente, estamos en un contacto muy directo. Nos vemos con mucha frecuencia, la verdad».   
Belinchón, que dirige los designios de la hermandad desde hace cinco años junto al secretario, tesorero, nuncio y cuatro vocales que conforman la directiva, cuenta que la hermandad no es elitista, «para nada, la fundan los hortelanos de las huertas del Júcar y del Huécar, pero es cierto que no se puede acceder a la hermandad así como así».
Todo estaba a punto para que este jueves 14 se celebrasen las vísperas, «subir a la ermita a rondar y cantar los mayos, y compartir la hermandad alrededor de una hoguera»; el viernes 15 se debía realizar una misa y procesionar con la imagen del santo desde la ermita hasta el Arco de Bezudo. Al regreso, se detendría en lo que se llama la era y, en la cruz, se reconocería a los hermanos fallecidos y se efectuaría la bendición de campos»; y el sábado 16 se hubiese oficiado la misa de difuntos» pero, como en otras expresiones de acervo, se han tenido que suspender los actos por la pandemia. «Desde el primer momento en el que se decretó el estado de alarma y se tomaron medidas, consultamos con el Obispado y decidimos cerrar la ermita y el cementerio».
El presidente confirma que varios miembros han fallecido a causa del Covid-19 y, aunque por desgracia no se les puede honrar como merecerían en estos momentos, la hermandad ha decidido que, coincidiendo con el 281 aniversario de la bendición de la ermita de San Isidro, el 15 de octubre se celebre una misa en recuerdo de los hermanos que han desaparecido y se realice una rogatoria «para que esto termine».
A pesar de las adversidades, el presidente de la hermandad quiere dar un mensaje de esperanza y trasladar  ánimos hasta el día en el que los hermanos puedan volverse a juntar y venerar a San Isidro. Por el momento, la junta directiva ya ha emitido dos comunicados para sus miembros que «los han acogido de buen grado. Entienden que la situación ha sido muy  complicada».
Es en estas ocasiones cuando «uno se siente orgulloso de formar parte de la hermandad», aunque «si ocurren estos desastres y ves que fallecen algunos hermanos en estas circunstancias, no puedes estar con ellos ni acompañarles en su sepelio. Es un tremendo pesar».