ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


El joven Gerardo

04/04/2020

Días de confinamiento. Días para trabajar la imaginación, recurriendo a la Historia. Que es, por otra parte, la  novela más instructiva de la humanidad.  Hoy toca leer «El infinito en un junco», de Irene Vallejo. Cuenta cómo nació Alejandría. Cuenta cómo los reyes de Egipto se empeñaron en construir en ella la biblioteca más grande del universo conocido. Algo parecido a la «Biblioteca de Babel», de Borges, que era el Universo mismo. Cuenta cómo para lograr ese proyecto los reyes encargaron a multitud de hombres que «fatigaran» caminos, monasterios y abadías donde se guardaban libros de todas las épocas. Se arriesgaban a ser asaltados, robados o matados; a contagios de enfermedades nunca oídas; a picaduras de mosquitos  que enloquecen a los hombres. Soportaron todo para hacer realidad el sueño de unos reyesque querían reunir en la nueva ciudad la sabiduría y la ciencia de la humanidad. Era lo que les faltaba para sentirse inmortales. Los otros poderes, la riqueza,  la guerra, la paz, o disponer de la vida de los demás, ya lo tenían. Ese sueño o locura de almacenar las palabras escritas en diferentes materiales  me ha hecho evocar Toledo.
Toledo, siglo XII. Conocer el pasado es el antídoto equilibrado contra las frivolidades del presente. Un tal Gerardo, joven y atrevido, contempla el perfil de la ciudad desde el otro lado del rio. Nada que ver con el skayline actual. Los rayos del sol, según la inclinación, le permiten ver los destellos de las cerámicas que revisten  palacios, mezquitas y escuelas de enseñanzas. Entrecortados, se escuchan las voces y los ruidos de los trabajadores que  construyen una catedral, el templo cristiano más imponente jamás planteado. Gerardo ha venido a Toledo a realizar su sueño. En escuelas de media Europa se dice que el saber, la ciencia y la técnica de la humanidad se están reuniendo en Toledo, a salvo de guerras devastadoras.  No sabe cómo explicarlo, pero desde niño, en Cremona, ha vivido subyugado por el movimiento de los astros. Sí sabe, en cambio, que en Toledo se conserva el libro más grandioso de esta disciplina: el “Almagesto”. Y que sobre sus enseñanzas, Azarquiel construyó un aparato, copiado en los territorios más distantes. La tecnología más avanzada durante siglos para orientarse entre las estrellas, las tierras y los mares. Lo denominan Astrolabio. Para realizar  su sueño, el joven Gerardo, solo  tendrá que cruzar al otro lado del rio.