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Pilar Cernuda

CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El mal fin de un mal político

10/02/2022

Albert Rivera y su brazo derecho José Manuel Villegas, andan en pleitos con el bufete que los contrató cuando dejaron la política, Martínez-Echevarría.

La noticia no tendría una relevancia excesiva si no fuera por los argumentos que esgrime el bufete para justificar su decisión de romper el vínculo con el exlíder de Ciudadanos. Tan duros, que Rivera y Villegas exigen no solo el cumplimiento íntegro de las cláusulas económicas de su contrato sino que Rivera se plantea presentar una querella por daños morales, dado el contenido del escrito en el que se le presenta como un hombre sin conocimientos jurídicos ni empresariales, de bajo rendimiento y que no contaba con las importantes relaciones que interesaban al despacho. Dice también el comunicado que se le había advertido en varias ocasiones del descontento, sin que hubiera reacción positiva.

La polémica entre empleado y empleadores, tan frecuente, en este caso trasciende al aspecto puramente profesional. Martínez-Echevarría es un bufete de renombre, y Albert Rivera un político de relieve, o fue un político de relieve, aunque salió del escenario por la puerta de atrás. Hubo un momento en el que era tan potente Ciudadanos que Rivera llegó a pensar que tenía al alcance la presidencia de gobierno, y fue encadenando errores perdiendo votos y escaños. No conocía los principios básicos de la estrategia política, tampoco supo calibrar sus fuerzas y acabó cometiendo el peor de los delitos: su aversión personal hacia Pedro Sánchez fue mayor que su interés por defender a los españoles del peor gobierno posible, y rechazó la posibilidad de gobernar con Pedro Sánchez y formar una coalición que daría estabilidad a España. Echó a un Sánchez tan ambicioso como él mismo en brazos de partidos anticonstitucionales y, en el caso de Bildu, sucesores de una banda terrorismo que asoló España durante 40 años.

Rivera tuvo al menos la decencia de renunciar en cuanto conoció el resultado electoral, pero dejó atrás un partido centrista y liberal que no se repone de las consecuencias del mal hacer político de su expresidente. Un dirigente al que se considera culpable de que los españoles se encuentren con un gobierno en el que populistas de extrema izquierda, independentistas y ex terroristas, imponen leyes que suelen sacar adelante porque en caso contrario Sánchez perdería el poder.

Hay políticos a los que se perdonan los tropiezos, pero a otros cuesta más por las consecuencias de ese tropiezo. Para Rivera, los términos del comunicado del bufete en el que ha trabajado hacen difícil su resurrección, pero ha habido resurrecciones impensables. No se plantea el regreso a la política, y hace bien porque no lo tiene fácil. En el PP le esperaba con entusiasmo García Egea, empeñado en captar a antiguos miembros de Ciudadanos. Pero el propio Egea no atraviesa su mejor momento, antes incluso del caso Alberto Casero ya estaba en baja.

Los errores acaban pasando factura.

ARCHIVADO EN: Albert Rivera, Ciudadanos