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¿Alternativa a la ganadería?

M.H. (SPC)
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La comercialización de proteínas en laboratorio es ya una realidad en algunos países y puede llegar a la UE antes de final de año, pero no todo son alabanzas para esta nueva opción alimentaria

¿Alternativa a la ganadería? - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

La Coordinadora Europea Vía Campesina (ECVC), de la que forma parte COAG, advierte en un video publicado hace unos días sobre la peligrosa narrativa que los actores empresariales están construyendo en torno a las proteínas cultivadas en laboratorio, también llamadas engañosamente «carne de laboratorio» o «carne celular». El vídeo arroja luz sobre el punto de vista de los agricultores respecto a este producto no probado y poco testado, que podría colarse en nuestros mercados en los próximos meses.

Según ECVC, las proteínas cultivadas en laboratorio son una amenaza directa a la soberanía alimentaria, es decir, al derecho de todos los ciudadanos a definir su propio sistema agrícola y alimentario. Aseguran que se trata un paso más en la carrera hacia la industrialización de la agricultura y la alimentación liderada por los intereses empresariales que tanto daño está causando a la salud pública, al medio ambiente, al empleo rural y a la vida de las zonas rurales.

En Singapur e Israel ya se comercializan productos cárnicos de estas características y España es uno de los países más potentes en investigaciones de este tipo. De hecho, ocho laboratorios de nuestro país obtuvieron una subvención de 3,7 millones de euros del Ministerio de Ciencia hace poco más de un año para avanzar en sus experimentos.

¿Alternativa a la ganadería?¿Alternativa a la ganadería?Según afirma Morgan Ody, agricultora de Bretaña y miembro del comité de coordinación de ECVC, «se están utilizando fondos públicos europeos para promover estos productos, pero no se han celebrado debates públicos. Se apuesta por una producción industrial de alimentos, concentrada en las manos de unas pocas empresas, lo que es extremadamente peligroso para la soberanía alimentaria».

Andoni García Arriola es miembro de la ejecutiva de COAG y también del comité de coordinación de ECVC. Insiste en que a estos productos «se les llama carne y no lo son». Y dice que es inquietante que sean las mismas empresas que ahora controlan la producción mundial de carne las que están impulsando el desarrollo de esta nueva proteína de laboratorio. «No es bueno que unas pocas compañías dominen el mercado».

ECVC apoya la necesidad de reducir el impacto medioambiental de la agricultura industrial y los sistemas alimentarios, pero subraya que estas proteínas cultivadas en laboratorio no servirán para ello. En lugar de ello, sostienen, «debería llevarse a cabo una verdadera transición hacia la agroecología campesina y la soberanía alimentaria y promover la agricultura a pequeña y mediana escala, los derechos de los campesinos y la regulación del mercado».

¿Alternativa a la ganadería?¿Alternativa a la ganadería? - Foto: Javier PozoManifiestan que «es urgente denunciar este fenómeno» que puede estar próximamente en los mercados europeos, «sobre todo porque, en lugar de ser debatido democráticamente, ha tomado el camino de la financiación pública europea y la promoción de una cultura que llama carne, pescado, leche o paté a alimentos que no contienen nada animal y que amenazan a la ganadería, necesaria para nuestra soberanía alimentaria». Solicitan que se verifique su impacto económico, social, medioambiental y cultural y que se preserve el principio de precaución. García Arriola desconfía de que la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) muestre tan buena disposición para analizar este tipo de productos con vistas a autorizar su comercialización antes de final de año, cuando a día de hoy «no hay normativa que regule su producción ni su comercialización».

ECVC cree que ante el creciente cuestionamiento por parte de la sociedad hacia la ganadería intensiva, los gigantes que controlan este nicho «protegen sus intereses económicos invirtiendo en este nuevo mercado. Si pensamos en la situación de este mercado en 2030, tal y como lo proponen estos actores, vemos una concentración extrema de la producción de alimentos en manos de las industrias multinacionales». Esta realidad, añaden, haría desaparecer a los pequeños agricultores y ganaderos, «que mantienen el campo, cuidando de la biodiversidad y los paisajes, pero también dinamizando social y económicamente las zonas rurales. Estas empresas están alejadas de los territorios, de las personas. Sus prioridades no son el acceso a los alimentos o su calidad, como lo han demostrado hasta ahora Cargill, Jbs, Tyson y otras».

Analizando puntos concretos de la producción de proteínas de laboratorio, ECVC mantiene que la idea de que ayudaría a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es falsa. «Los cálculos que conducen a ella no suelen captar toda la gama de interacciones de los complejos sistemas socioecológicos que intervienen en la ganadería y la pesca». Un estudio realizado por Lynch y Pierrehumbert, de la Universidad de Oxford, subraya que el impacto en el calentamiento global de la carne producida de forma no intensiva es menor que el de la carne producida en laboratorios a largo plazo, ya que supone que la carne de granja implica emisiones de metano, con un efecto menos duradero que el CO2 que se emitiría al crearla en un laboratorio. Eso sin tener en cuenta los empleos que genera la ganadería o su papel como herramienta de conservación medioambiental, insisten desde ECVC.

Otro de los aspectos en los que ECVC no está de acuerdo es que esta carne sería mucho más saludable para los consumidores y evitaría epidemias. Se supone que, por ejemplo, el colesterol de estos productos podría controlarse, se emplearían menos antibióticos y habría menos posibilidades de propagación de enfermedades. Pero en ECVC prefieren centrarse en que la verdadera alternativa es una transición agroecológica que evite la utilización de un producto que quizá acarree consecuencias inciertas. Inciden en que «ningún estudio o análisis explica cómo se verá afectado el metabolismo humano a largo plazo. Roy et al., investigadores de la Universidad Internacional Quest de Malasia, citan el alto riesgo de desregulación de las líneas celulares, que imitan los efectos del cáncer, si la producción de proteínas en el laboratorio se vuelve masiva». Además destacan que «la producción de proteínas de laboratorio requiere hormonas que la UE prohíbe en las explotaciones ganaderas comunitarias».

Por último, no creen que sea cierto que la carne de laboratorio sea necesaria para alimentar a una población mundial creciente. Según explica García Arriola, «no es cuestión de producir más, sino de distribuir mejor lo que se produce. Hay proteínas de sobra, pero el control de la distribución está en pocas manos y priman los intereses económicos sobre los sociales». Recuerda que «mientras que hay 800 millones de personas que desnutridas en el mundo, un tercio de los alimentos que se producen van a la basura en algún punto de la cadena».

Ante esta situación, desde ECVC solicitan a las instituciones comunitarias «que apliquen el principio de precaución, tal y como se menciona en el artículo 191 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Un principio que constituye un derecho fundamental de la UE en el que se basa la legislación alimentaria y medioambiental europea». También exigen políticas agrícolas que garanticen precios justos para los agricultores y que propongan una verdadera transición hacia la agroecología. Esto, explican, significa apoyar a los pequeños y medianos agricultores en esta dirección, poner fin a los acuerdos de libre comercio y regular los precios a nivel del mercado europeo.

Cuestión de gusto. Como denuncian desde ECVC, la producción de proteínas de laboratorio puede suponer una amenaza para la pervivencia de la agricultura y la ganadería tradicionales. Esta última por razones obvias, y aquella porque, sin animales que alimentar, buena parte de los cereales y las leguminosas que ahora se dedican a la fabricación de piensos dejarían de ser necesarios. También para el medio ambiente, cuyos mayores custodios son las gentes que lo habitan, lo trabajan y lo aprovechan de manera sostenible.

Pero más allá de esta cuestiones surge otra duda: ¿a qué sabe la carne de laboratorio? Los productos cárnicos de los que disfrutamos habitualmente ofrecen una variedad inabarcable. ¿Sería posible conseguir todos esos miles de matices en una probeta? ¿Habrá lomo de cerdo, cochinillo y jamón ibérico, o solo carne de cerdo? ¿Podrán diferenciar entre ternera y vaca madurada? ¿Conseguirán los laboratorios crear proteína de pollo industrial, pero también de pollo de corral? En definitiva, aparte de conseguir proteína, ¿se conseguirá también textura, sabor y apariencia? De hecho, este es uno de los retos principales a los que se enfrentan los investigadores si quieren que los consumidores acepten este nuevo producto.

Aparte de esto, surgen otros interrogantes en relación a los nutrientes. Según aseguran las empresas que trabajan en ello, se podrá eliminar el colesterol y añadir grasas saludables prescindiendo de las saturadas. También se cuestiona su aporte de otros componentes característicos de la carne, como la vitamina B12 o el hierro.

El caso es que la consultora McKinsey pronostica un mercado global de 25.000 millones de dólares para 2030, lo cual sugiere que, si no es este mismo año, poco más tardaremos en encontrar carne de laboratorio entre las piezas de cerdo o ternera de verdad.

 

¿Cómo se crea la carne en un laboratorio?

En primer lugar, se realiza una biopsia al animal en cuestión, que no tiene que ser sacrificado; es decir, se toma una muestra de tejido, normalmente muscular. A esa muestra, en un ambiente en el que se controlan la temperatura, la humedad y el oxígeno, se le aportan nutrientes de manera que las células se reproducen de forma natural. Parece ser que con una sola biopsia se puede llegar a conseguir la carne que se obtendría de hasta 50 cerdos.

Uno de los peros está en ese aporte de nutrientes, que actualmente se hace a base de suero. Para obtener este producto sí es necesario sacrificar animales, pero los investigadores aseguran que en una cantidad mucho menor que en la ganadería tradicional para obtener la misma cantidad de carne.

De momento lo que se obtiene tiene una textura similar a la carne picada, por eso los productos que se comercializan en los países en los que está permitido son salchichas, hamburguesas y similares. Pero ya el año pasado la empresa israelí Aleph Farms consiguió lo que podría denominarse el primer chuletón de laboratorio en solo unas semanas de cultivo, frente a los meses o años que puede tardar una ternera o vaca en estar lista para su sacrificio.