NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


Lecciones de guerra

10/04/2020

Al Imperio romano no lo derrotaron los bárbaros. No solo al menos. Al desgaste que provocaron en las líneas fronterizas del basto imperio se sumó un enemigo mayor: la corrupción. A la Armada Invencible no la derrotaron los pequeños y ágiles barcos ingleses, junto a la experiencia de sus mandos navales. No solo al menos. La gran armada española se vio sorprendida por una climatología adversa que impidió llegar con la flota entera, unida y coordinada a la batalla. La lluvia también retrasó los planes de Napoleón en Waterloo frente al duque de Wellington, pero el error que le llevó a la derrota fue leer una maniobra de las tropas inglesas como una retirada, ordenando a las suyas atacar en un momento poco apropiado.
En todos estos casos, los protagonistas se enfrentaron a enemigos que no eran lo que parecían, que aparecieron por sorpresa, o que estaban en el mismo bando. La corrupción romana, la confianza de la Armada española o la soberbia de Bonaparte fueron claves en decantar sus destinos. No fueron los únicos elementos, pero las grietas que abrieron en sus respectivas luchas hicieron imposible mantener las líneas.
En España combatimos -permitan que utilice la terminología bélica en este caso-, desde hace semanas a un enemigo que no es visible, pero que sabemos que está ahí. Todos estamos concentrados en esta lucha, quedándonos en casa unos, velando por que lo hagamos otros, luchando en la primera línea otros desde hospitales, ucis y residencias, y colaborando en la medida de sus posibilidades otros incontables que, de manera altruista, ponen a disposición de los que más lo necesitan sus propios recursos.
En el caso de los políticos, es la unidad lo que da fuerza a sus medidas. Y a la respuesta que deben dar ante esta crisis. También la humildad y la inteligencia. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, volvió ayer a reclamar a todos los grupos ‘unidad y lealtad’ en el Congreso, convocando a todos los agentes a conjurarse para llevar a cabo unos nuevos ‘Pactos de La Moncloa’. Ojo, como ya se ha dicho, la unidad y la lealtad no tiene por qué implicar un cheque en blanco. Pero una dimisión en bloque del Ejecutivo después de ‘pagar las nóminas’ tampoco es la solución para enfrentar esta crisis sanitaria, y mucho menos la económica y social que nos dejará el coronavirus. Las amenazas de la oposición, la falta de unidad en el parlamento y la desconfianza entendida con maldad y no como vigilancia, pueden hacer fracasar cualquier empeño de resolver cualquiera de ellas.
La falta de unidad que provocó la tormenta llevó a la derrota a la Gran Armada. La deslealtad interna que generó la corrupción llevó a la caída del Imperio Romano, ya desgastado. La confusión y la falta de criterio al interpretar las señales iniciaron el declive de Napoleón. No volvamos a caer en los mismos errores.