EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


Españoles a la contra

Goya lo pintó. Pintó a dos paisanos que ya llevan 200 años dándose leña mutuamente y más atentos a descalabrarse que a librarse del barro y la maleza en donde ambos están hundiéndose. El Duelo a garrotazos es un cuadro intemporal, porque durante estos dos siglos sigue teniendo actualidad, por la vigencia de la malquerencia entre las gentes del mismo pueblo.
Creo que esta lucha entre semejantes deriva del descontento y desavenencia que tenemos en primer lugar cada uno con sí mismo. Porque parece que el español no se tome en serio a sí mismo y padece un complejo que le convierte en inseguro y agresivo. La raíz de la malquerencia de unos españoles con otros es que nos despreciamos a nosotros mismos y para librarnos de esa frustración vamos arreando estopa a cada uno de los vecinos en quienes nos vemos reflejados. Sacudirse a un gato agresivo cuando ya está encima de uno es muy difícil, pero darle un palo cuando está encima de otro siempre es más fácil. Apaleamos en el prójimo nuestros propios defectos. Según lo dicho, la regeneración del pueblo español empezaría por crecer y mejorar individualmente para valorarse más a sí mismo.
Vistos en conjunto, parece que los españoles somos un pueblo «a la contra». Cela recordaba este espíritu de oposición mutua en Sobre España, los españoles y lo español enseñando cómo en nuestra guerra civil un bando se llamaba antifascista y el otro antimarxista.
Dicen que las guerras fratricidas tienen una componente genética y que por tal motivo nunca se logra una reconciliación sino una tregua. En Los vasos comunicantes Camilo José Cela explica que «España es una manera de ser, un entendimiento de la existencia basado, paradójicamente, en el no entendimiento de los españoles entre sí».
Cuando una comunidad a lo largo de años de una educación viciada, recibe un modo de pensar y sentir llega a hacerlo propio incluso a nivel neuronal. Lo aplico en este momento a ese troquelado que llega a ser físico en las comunidades nacionalistas por el que el odio a lo español está instalada en su mente de manera habitual y al margen de una reflexión crítica.
También tenemos una componente racial de sentimentalismo visceral e inconsecuencia racional por la que en nombre de Dios lloramos a la madre mientras desnucamos al vecino.
Volviendo a Cela, al que uso mucho como referente, en los finales de San Camilo 1936  aconseja «cuídate del español que llevas dentro» que es la versión que hace el tío Jerónimo de la conocida frase de César Vallejo: «¡Cuídate, España, de tu propia España!».
Estas reflexiones mías han tomado pie en la película Mientras dure la guerra, que acabo de ver y a la que dedicaré una próxima columna.
Inicié esta página recurriendo a don Francisco de Goya y hago punto final con este verso trágico del Poema de Fernán González:
«Señor, ¿por qué nos tienes a todos fuerte saña?
¡Por los nuestros pecados non destruyas a España!».