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De pellizco en el alma

L.O.
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Cuenca arranca con brillantez sus días más grandes con una esperadísima Procesión del Hosanna donde La Borriquilla estuvo acompañada por cientos de personas en una jornada radiante

Una multitudinaria procesión del Hosanna abrió la Semana Santa de Cuenca. - Foto: Álex M. Simón

«Parecía que nunca volvería. Parecía que ya no se acordaba. Parecía que el tiempo la alejaba y que en el tiempo mismo se perdía». Más de dos años con los versos del escritor y periodista Antonio García Barbeito sobre la Semana Santa rebotando en la cabeza y en el alma, desde que un virus desconocido que llegó de China privó a Cuenca -y al mundo- de una Semana Santa, la de 2020, que ya se acariciaba con la punta de los dedos. Del todo a, de repente, la nada. El vacío en forma de encierro, de estado de alarma, de aplausos a los sanitarios desde los balcones, de vidas interrumpidas. Llegó, con el mundo noqueado como el boxeador que recibe un directo en la mandíbula que no esperaba, el Domingo de Ramos más triste que se recuerda. Más incluso que aquellos en los que la lluvia arruinó en su momento las esperanzas de los nazarenos. Un domingo de túnicas y capuces en el armario. «Hasta el año que viene», pensaron todos. Pero tampoco fue. Porque 2021 fue, si cabe, más duro. La vida regresaba muy poco a poco a la normalidad. Con mascarillas y geles hidroalcohólicos como acompañantes para la vida diaria. Pero los pasos no salieron a la calle. Precaución dijeron. Desolación dejaron.

Dos años sin ver a los niños corretear por el Casco Antiguo aferrados con fuerza a sus palmas llenas de chuches. Sin ver abrirse la puerta de San Andrés, con la silueta al fondo de un Jesús triunfante en este único Domingo del año donde no acaba una semana, sino que empieza la Semana. Sin el sonido de las horquillas golpeando el suelo al discurrir de la procesión que abre los días grandes de Cuenca. Sin las apreturas del paso y los banceros por la calle del Peso, que auguran lo que vendrá. Pero, por fin, con el calendario ya en 2022, todo eso llegó. Y lo hizo con el sol como acompañante perfecto para hacer aún más grande esta jornada en la que la Cuenca nazarena volvió a sentir y a vivir.

Se notaban los nervios a las puertas de la iglesia. De los niños en un día tan suyo. De los mayores, más próximos a la emoción. De los de aquí, y de los que vuelven a casa por estas fechas. También de los de fuera, testigos privilegiados del renacer de una ciudad que se emocionó al unísono con el sonido de la puerta de San Andrés abriéndose para dejar paso libre a la procesión del Hosanna, al cortejo de La Borriquilla y de Nuestra Señora de la Esperanza. Una Esperanza, a la que se aferró la Cuenca nazarena en los duros meses de pandemia, que lucía aún más guapa, gracias a la mejora a la que se ha sometido en los últimos tiempos, centradas sobre todo en la cara y en las manos. Se prevé, no obstante, que en los próximos meses se acometa una rehabilitación más en profundidad de la talla de cara a la Semana Santa de 2023.

Una multitudinaria procesión del  Hosanna abrió la Semana Santa de Cuenca.Una multitudinaria procesión del Hosanna abrió la Semana Santa de Cuenca. - Foto: Álex M. SimónAnte unas calles llenas -se notaron las ganas de vivir una Semana Santa como aquellas de la vieja normalidad- la Procesión del Hosanna siguió su discurrir por la ciudad, con momentos especialmente emotivos como la interpretación de un Ave María y el Christus Vincit por parte de la Escolanía Ciudad de Cuenca en la Puerta de Valencia, a la altura del Convento de las Concepcionistas Franciscanas. Esperaba al cortejo el obispo de la diócesis de Cuenca, don José María Yanguas, para la tradicional bendición de las palmas a la altura de la iglesia San Felipe Neri, y su posterior incorporación a la procesión camino ya de su final en la Catedral, donde se celebró la Eucaristía. 

Al son de la 'marcha real'. Abarrotada de gente y luciendo sus mejores galas con muchísimos reposteros luciendo en los balcones, la Plaza Mayor esperaba la llegada del cortejo. Entre los arcos del Ayuntamiento se vislumbró la silueta de Jesús a lomos de la borriquilla, triunfante, como cuentan los Evangelios que hace más de 2.000 años entró en la Ciudad Santa. La multitud, como entonces, lo esperaba con sus ramos y sus palmas para acompañarle, en este caso, en su entrada a la Catedral, tan majestuosa con los rayos del sol como perfecta luz iluminadora. Sonaron -por fin tras dos años de silencio- los sones de la Marcha Real mientras la imagen de Jesús atravesaba el dintel de la puerta de la Basílica, precediendo en su entrada al templo a Nuestra Señora de la Esperanza.

Aquellos versos casi de desesperación de Barbeito ante la ausencia de Semana Santa se esfumaron de un plumazo, agitados por los ramos y las palmas, para dar paso a otros, en este caso de un poeta como Rafael González Serna glosando el inicio de los días de Pasión: «Domingo de amor, de pellizco en el alma, de luz en el cielo, de misa de palmas. De prisas, de nervios en la joven mirada; en la vieja pupila, de sosiego y de calma. Todo está en la retina y sin embargo no hay nada... Despiértese el niño que todos llevamos al abrir la ventana...» Ese niño o niña que de la mano de sus abuelos comenzó hace años a sentirse parte de la Cuenca nazarena volvió a despertarse en este Domingo «de pellizco en el alma». Y es que la Semana Santa ya ha comenzado.

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Una multitudinaria procesión del  Hosanna abrió la Semana Santa de Cuenca.
Una multitudinaria procesión del Hosanna abrió la Semana Santa de Cuenca. - Foto: Álex M. Simón
Una multitudinaria procesión del Hossana abrió la Semana Santa de Cuenca.
Una multitudinaria procesión del Hossana abrió la Semana Santa de Cuenca. - Foto: Álex M. Simón