MIS RAZONES

Pilar Gómez


Defender la libertad

25/05/2020

Con espíritu cívico, decenas de miles de personas se han manifestado este fin de semana en Madrid y en otras capitales de España en reclamo de unos derechos que consideran atropellados por este Gobierno. Vox convocaba a los manifestantes, que se desplegaron en automóviles por las principales ciudades de nuestro país, con banderas nacionales, voluntad democrática y comportamientos totalmente alejados de la violencia.
Se estará o no de acuerdo con los postulados que defiende el partido de Abascal, tan constitucionalistas o más que muchos de los que enarbolan algunos partidos que se sientan en el Congreso, pero es evidente que en nuestro país existe, todavía, libertad de expresión, de opinión y de manifestación. Un detalle que se le ha olvidado a algunos responsables de la Administración que pretendieron prohibir estas manifestaciones. Tuvo que ser la Justicia quien pusiera las cosas en su sitio.
Los ciudadanos que salieron a las calles de media España no incumplieron norma alguna del estado de alarma, ya que ejecutaron su movilización a bordo de sus coches, con banderas españolas, sin abandonar su autos y sin responder algunas de las provocaciones que surgieron por el camino.
Poco que ver con lo que está ocurriendo últimamente en algunas zonas donde se llevan a cabo caceroladas contra el Gobierno. Grupúsculos de extrema izquierda, algunos de ellos alentados incluso por dirigentes de Podemos, asaltan a los grupos pacíficos de ciudadanos que, en orden y sin incumplir los preceptos de la distancia física, se limitan a mostrar su rechazo hacia la gestión de Pedro Sánchez.
Desde hace setenta días, España vive bajo un estado de excepcionalidad constitucional sin parangón en nuestro entorno. La sociedad lo ha aceptado sin mayores protestas, pese a la dureza de la norma. Lo que no puede pretenderse es que algunos derechos fundamentales, como el de expresión, sean cercenados por estas pandillas salvajes, agresivas y violentas, que poco tienen que ver con los usos civiles de una democracia. Hay demasiadas cosas en juego en nuestro país y, seguramente, es la libertad una de las que más peligro corren.