Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


Odio de clase

25/05/2020

En España somos más de reír que de llorar. Y enseguida sacamos el Berlanga que llevamos dentro cuando sacan a relucir la escopeta nacional. Pero es que menuda estampa. Con sus descapotables y chóferes, sus cacerolas que habrán agarrado por primera vez, sus banderas, incluidas las franquistas. Y su odio. Decadencia, bravuconería e ignorancia representando a la clase dominante que grita libertad y vomita odio mientras defiende intereses y privilegios.

Cuando Francis Fukuyama teorizó sobre el fin de las ideologías y la desaparición de la lucha de clases, lo hacía siendo consciente de que los grandes beneficiarios de su tesis, ni siquiera se lo creían. Pero servía de estratagema a los neocon para expandir aquella pandemia cultural que contagió a la inmensa mayoría en la nueva normalidad de la globalización neoliberal. O si no, recuerden la famosa frase de uno de los hombres más ricos del planeta, Warren Buffett: «Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando». Y así, mientras ellos hacían la guerra y la iban ganando, tú te creías uno más, con oportunidades y posibilidades de entrar en el club. Y hoy, mientras el país sigue en estado de alarma, enfrentándose a esta crisis sanitaria, social y económica, estos ricos nos vuelven a recordar que sí hay lucha de clases y que es la suya la que no está dispuesta a perder. Hoy, cuando esa minoría privilegiada «apolítica, total, de derechas, como sus padres», siente su rotunda seguridad, estabilidad e inmensa fortuna amenazada, es cuando abren los muros de su confinado mundo rico y mandan a los suyos a salir a las calles. Es una caricatura de ese 2% de españoles multimillonarios. Según el informe de riqueza anual Credit Suisse de 2019, España se convirtió en el octavo país del mundo donde más crecieron los multimillonarios. Son los 979.000 españoles con más de un millón de dólares de los que 2.198 son ultrarricos y acumulan un patrimonio de más de 50 millones de dólares. Estos son, según el campechano y expresidente de Castilla-La Mancha, José Bono, los españoles que han amasado riqueza ahorrando y ahora, pobres, se les pide un esfuerzo fiscal para arrimar el hombro en esta crisis. Que no engañen. Ni libertad, ni mala gestión del gobierno social-comunista. Lo que está en juego son sus privilegios e intereses, esos que llevan ganando desde siempre y con mayor obscenidad en las últimas décadas. Lo que no quieren es que desapretemos un poquito la soga al cuello de la mayoría. Un impuesto a los súper ricos, la derogación de la reforma laboral que desguazó el mercado de trabajo, o el ingreso mínimo vital. Eso, y no poder presionar y mangonear en las decisiones de las instituciones democráticas y un gobierno legítimo, es lo que verdaderamente les escuece. Aunque para ellos, todo gobierno que no sea de los suyos, será ilegítimo. En España somos más de reír que de llorar. Y entre risa y llanto unas dosis de odio. Un país de odiadores, al volante, sobre el asfalto, en caravana, brazo fuera, escupiendo insultos y aporreando con la bandera.