Enrique Belda

LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


España-USA y el saber estar

22/06/2021

Solo para el presidente Sánchez el tiempo es relativo, pues más o menos en una hora cambia de opinión sobre temas sustanciales, y en cinco prepara una tesis doctoral. No haré leña de los cuarenta segundos de cumbre. Al hilo del encuentro fugaz entre el presidente del gobierno español y Biden, como por obra de otros foros anteriores, la opinión pública española comprueba, aunque parece no querer siempre enterarse, lo que nuestro gran país pesa en el concierto internacional de naciones.
Nos enseñaban en el colegio, al menos hasta hace treinta años, que el fin de España como potencia se produjo, precisamente, a manos de los Estados Unidos, en 1898, aunque el declive era una tendencia prácticamente desde Carlos II (así lo comprendimos gracias a las académicas letras de Los Nikis: «Con los Austrias y con los Borbones, perdimos nuestras posesiones»).
Un amiguete que no sabría ahora mismo recordar sostenía con brillantez dónde comprobábamos que éramos solo un remoto Estado más entre doscientos: en los desplegables de las aplicaciones informáticas. Así, cuando nos piden al sacar un billete el país de origen, residencia o nacionalidad, buscamos cándidamente que aparezca enseguida, y ha de pasar un buen rato hasta localizarlo en la S de ‘Spain’, casi al final del concierto de naciones.
A algunos (me sorprendo de tanta gente que así piensa, entre ellos la flor de la intelectualidad) les basta con una íntima renovación del espíritu de grandeza apoyándose en el tenis de Nadal o que una vez, en 2010, ganamos un mundial de fútbol. En fin, que no creo que con ningún gobierno los norteamericanos hubiesen mostrado en la cumbre de la OTAN una especial atención a nuestro país, por lo cual el fallo de Moncloa es intentar aparentar lo que no hay, y terminar de forma sonrojante, acompañando al emperador de occidente con medio minuto de un acólito turiferario.
Los delirios de grandeza ya se manifestaron por aquella ministra llamada Leire Pajín, que anunció nada menos que una conjunción astral porque coincidía que tomaba posesión Obama, con que aquí en casa el presidente era el simpar Zapatero. Los desplantes del yanqui son ya un género en el imaginario colectivo español, como nos recordó el inmortal y hoy centenario García Berlanga en Bienvenido Mr. Marshall.
Solo cuando Dominguín consiguió yacer con Ava Gadner corneando a Sinatra, recuperamos algo del honor perdido en Cuba y Filipinas. Puede que no se trate de otra cosa que de sentirnos orgullosos de lo que seamos y podemos ser, poco o mucho, pero sin perder la dignidad.    



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