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Un homenaje al teatro

V.M.
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La actriz Blanca Portillo protagoniza 'Silencio', obra donde se transmuta en un amplio catálogo de personajes clásicos y en la que ofrece una magistral lección de dramaturgia

La actriz madrileña Blanca Portillo, durante un instante de la función. - Foto: Javier Mantrana

El Teatro Auditorio de Cuenca acogerá este viernes, a las 20,30 horas, la representación de la obra 'Silencio', en la que la actriz madrileña Blanca Portillo, ganadora del Goya a la mejor actriz este mismo año, ofrece un recital interpretativo sobre las tablas, transformándose en personajes extraídos de dramas universales, como La casa de Bernarda Alba, Antígona, La vida es sueño, Los hermanos Karamazov o Don Quijote de La Mancha, todo un homenaje a la palabra y al silencio que la acompaña.

La complicidad entre el prestigioso director Juan Mayorga y la actriz protagonista parte en esta ocasión del mismo planteamiento de la obra, no en vano Portillo, vestida con riguroso traje de etiqueta, se presenta ante la audiencia para ofrecer un discurso con motivo del ingreso del dramaturgo en la Real Academia Española, hecho acaecido en 2019 y donde, paradójicamente, el silencio fue el tema elegido para entrar en el templo de la lengua. 

En ese viaje por célebres momentos teatrales que resuenan en su memoria expone entre sus ilustres oyentes académicos, con los que compartirá desde ahora estrado, y va ilustrando el efecto que producen en el transcurso de la propia vida, de alguna forma el dramaturgo plantea el efecto que provoca ese instante que se produce cuando cesa la palabra y se comparten silencios.

El propio Mayorga ya jugó con la idea de que su discurso de ingreso ante la RAE lo pronunciase un actor, «a fin y al cabo, se trataba de un discurso sobre el teatro y, dentro de este, sobre aquello que, en el teatro, hallándose más allá de las palabras, pertenece, antes que a nadie, al actor: el silencio».

De esa premisa nace este montaje teatral donde el dramaturgo elige para esta experiencia poética en el espacio y en el tiempo a su admirada amiga Blanca Portillo. En ese encuentro construyen juntos cómo construir ese Silencio que se levanta sobre el decir y el callar, «la voz bella y poderosa y el gesto exacto, de una actriz extraordinaria».

Apoyada por una sobria escenografía de Elisa Sanz, la precisa iluminación de Pedro Yagüe y el espacio sonoro diseñado por Mariano García, la representación logra conectar con una audiencia que acaba rendida al poder del teatro, a su capacidad de conmover y trasladar a los espectadores al silencio de sus propias vidas.