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«El crimen de Cuenca fue el gran escándalo judicial del siglo»

V.M.
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El investigador Juan Fuentes López publica dos nuevos volúmenes del caso, que él relaciona con la situación política de la época

El escritor e investigador conquense Juan Fuentes López. - Foto: J.F.L.

El investigador Juan Fuentes López publicaba recientemente los volúmenes siete y ocho relativos a la documentación existente sobre el conocido como Crimen de Cuenca, un escándalo judicial que motivó la reforma del Código Penal en 1928. 

¿Qué le llevó a comenzar una obra de tal envergadura?

Al ser natural de Osa de la Vega y ser conocedor de lo que sucedió allí a principios del pasado siglo, como todos los vecinos del pueblo, me decidí a rastrear y recopilar todo el material existente y los datos relativos al caso, tanto en archivos, como en la prensa. 

¿Aporta datos relevantes?

Bien los volúmenes del uno al seis comprenden el período de 1910 a 1935, el siete llega hasta la fecha de edición y el ocho son exclusivamente cronología y resúmenes. El crimen de Cuenca fue el mayor escándalo judicial conocido en nuestro país de la época contemporánea, en ese sentido incluyo el expediente original del Tribunal Supremo sobre el caso y también el Supremo me remitió la sentencia original y el expediente original de la película de Pilar Miró, que fue retirada en plena democracia en virtud del Código de Justicia Militar; además el Archivo de la Villa de Madrid me mandó cuatro expedientes de los acusados del presunto crimen, dos de León Sánchez y otros dos de Gregorio Valero y he incluido expedientes del Juzgado de Osa de la Vega y una memoria de Juan Antonio Porto, el primero que investigó el caso.

A la vista de su investigación, ¿puede sugerirse algún planteamiento nuevo para explicar lo sucedido?

En primer lugar hay que subrayar que todo fue un montaje desde el principio, todo el mundo mintió desde el primer momento, todo apoyado en que José Grimaldos, El Cepa, había desaparecido en otras ocasiones, aunque en este caso se dirigió a Belmonte y desde allí atravesó la provincia y fue a parar a la localidad valenciana de Camporrobles, donde permaneció escondido 10 años.

¿Por qué se escondió?

Porque él estaba seguro de que lo buscarían, de hecho el Juzgado de Belmonte emitió un edicto enviado a todos los cuarteles de la Guardia Civil para ordenar esa búsqueda. Él padecía algún tipo de trastorno, en la época se decían que le gustaba «visitar pueblos» y vagaba por ellos durante días, pero al tener una pelea con su padres por motivos de dinero, en ese momento decidió irse y no volver.

¿Cuál fue el papel del párroco de Tresjuncos, Pedro Rujo, uno de los principales instigadores a la hora de culpar a los acusados del presunto asesinato?

Él conocía desde el primer momento dónde estaba, porque un día después de su desaparición se lo comunicó un testigo. La primera denuncia fue por desaparición y en 1911 se archivó la causa, pero dos años después se cambió la denuncia por asesinato. El cura llegó a recibir varias cartas en los que se le pedían los papeles de  la partida de bautismo de José María Grimaldos y lo ocultó, hasta que un vecino descubrió casualmente una de las cartas. Al final Pedro Rujo, una vez esclarecido el caso, terminó suicidándose y se arrojó a una cuba de vino.

¿A qué obedecía toda la trama?

Lo que se buscaba era un escarmiento en Osa de la Vega y le toco a los dos acusados como les podía haber tocado a otros, hay que tener en cuento que los hechos ocurrieron durante la Restauración borbónica y aquella época estaba condicionada por el turno político de partidos, el Conservador y el Liberal, y había un caciquismo total. Creo que se aprovechó esa situación para inculpar a dos personas que parece ser eran sindicalistas muy activos, según sus propios familiares. En mi opinión, fue un caso relacionado con la situación política de la época, casos como los del Cepa pasarían en otros pueblos también, lo que ocurre es que a diferencia de él no volvieron a aparecer.

¿Qué fue de Grimaldos y de los dos inculpados?

El Cepa murió bastante después de los hechos en Chirivella, a los 66 años, concretamente el 18 de diciembre de 1947, a causa de una asistolia;León y Gregorio terminaron marchándose del pueblo, de hecho el alcalde de Madrid les llegó a ofrecer un trabajo como guardas forestales.

Un caso que motivó la modificación del Código Penal…

 Así es, se modificaron algunos artículos del Código Penal vigente en esa época donde se llegaba impedir que se presentase una acusación de homicidio si no se encontraba el cadáver, una modificación que se derogó en la reforma de 2015 a raíz del caso de Marta del Castillo.

¿Tiene material sobre el caso pendiente aún de publicar?

Ahora mismo estoy con el volumen nueve, donde sólo se incluyen fotografías, después en el 10 incluiré las obras de Luis Esteso sobre El crimen de Cuenca y finalmente en el 11  se dedicará al los crímenes de Albalate de las Nogueras a finales del XIX, en el que un grupo de hombres mataron a una familia entera, una madre y a sus cuatro hijos, alguno de los vecinos de esa población dicen que ese fue el verdadero crimen de Cuenca, aunque no tienen nada que ver.

¿Puede hablarnos de su proyecto sobre un vecino de Osa de la Vega que formó parte de los Últimos de Filipinas?

Sí, tengo 300 páginas ya escritas sobre la figura de este vecino, Gregorio Catalán,  un militar que formó parte de Los Últimos de Filipinas, aquel grupo de soldados españoles que resistieron durante meses en el sitio de Baler (1899), precisamente se trataba de un primo de uno de los acusados en el crimen de Cuenca, de hecho tiene una estatua en el municipio, y estoy rastreando en todo lo publicado hasta la fecha en la prensa de la época y en numerosa bibliografía.