Prevenir un daño que no se ve

Javier D. Bazaga (SPC)
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Prevenir un daño que no se ve - Foto: WARREN GOLDSWAIN

La exposición al sol a la que se somete la piel en verano puede provocar lesiones inapreciables, ya que el 90 por ciento de la radiación incide debajo de la epidermis

Cada año por estas fechas acostumbramos a recibir llamadas de atención sobre el cuidado de la piel y su protección frente a la exposición a las radiaciones ultravioleta (UV) A y B, más conocidos como los rayos UVA y UVB, que afectan a la epidermis, la capa más superficial de la piel. Sin embargo, poco se conoce aún por parte de la población la llamada radiación visible (VIS) que, junto a los rayos infrarrojos (IR-A), supone el 90 por ciento de la radiación que incide sobre la piel. Susana Mezquita, experta del Departamento Científico de Cinfa, advierte de que «todavía no hay conciencia en nuestro país sobre otros tipos de radiaciones que son también peligrosas para la salud cutánea».
Así, las radiaciones solares de la franja VIS son las responsables del 40 por ciento del daño en la piel ante la exposición al sol, siendo capaces de alcanzar las células que se encuentran en la dermis, capa interna por debajo de la epidermis, y producir manchas y fotoenvejecimiento, así como debilitar la barrera protectora de la piel. Además, los últimos estudios científicos indican que potencian el efecto dañino de la radiación ultravioleta.
Por su parte, la radiación IR-A presenta una gran capacidad de penetrar en las capas más profundas de la piel, sin que ello suponga un aumento de la temperatura superficial. «Es como un calor seco que no sentimos, pero que causa degradación del colágeno y fotoenvejecimiento prematuro», explica Mezquita. «En concreto, este tipo de rayos representan el 50 por ciento de los efectos nocivos que el sol provoca en nuestra piel», recuerda.
No obstante, sigue siendo imprescindible la protección frente a las radiaciones UVA y UVB, que son las más energéticas y dañinas. Cada una de ellas supone el cinco por ciento de la radiación y ambas tienen efectos perjudiciales sobre la epidermis y la dermis en forma de quemaduras, inflamación, hiperpigmentación o incluso cáncer de piel, entre otros efectos.
No es de extrañar que desde las autoridades se advierta insistentemente, llegadas estas fechas, de la necesidad de una adecuada protección de la piel frente al sol. «Teniendo en cuenta nuestro fototipo de piel, el índice de la radiación y las circunstancias de la exposición, podemos elegir o, mejor aún, combinar diferentes medidas fotoprotectoras: reducir la exposición al sol, especialmente en las horas centrales del día; recurrir a barreras físicas como sombreros o gafas de sol; y, la más imprescindible, usar fotoprotectores que protejan contra todos estos tipos de radiaciones: la infrarroja, la ultravioleta y la visible», señala la especialista de Cinfa.