Ayuda humanitaria en primera persona

Jonatan López
-

El conquense Óscar Férnandez, patrón del barco de rescate 'Aita Mari' de la ONG Salvamento Marítimo Humanitario, narra el último rescate en aguas del Mediterráneo y el posteriorbloqueo de las autoridades italianas

Ayuda humanitaria en primera persona

Es conquense, patrón de altura del barco de rescate Aita Mari, y uno de los tripulantes que en los últimos cuatro meses ha vivido en primera persona el auxilio de una patera a la deriva, el desinterés de las autoridades maltesas y las trabas burocráticas de Italia para regresar a España. Óscar Fernández, capitán de la embarcación de la ONG Salvamento Marítimo Humanitario (SMH), relata el calvario que tuvo que pasar la tripulación retenida durante 50 largos días en el puerto de Palermo, tras haber salvado la vida de 44 migrantes. Ahora, una vez en puerto seguro, narra la extrema situación que se vive en aguas del Mediterráneo central.
La odisea comienza en marzo pasado, cuando los países comienzan a cerrar fronteras por la amenaza del Covid-19 y el barco Aita Mari se encuentra atracado en Siracusa en misión de rescate. El conquense, que ya había participado en otras misiones del armador SMH, es requerido para que viaje hasta la costa sudeste de Sicilia y se encargue de retornar la embarcación hasta el puerto de Pasajes (Pasaia-Donibane) en Guipúzcoa. «Se decidió traer el barco para España ante las condiciones de pandemia del coronavirus que se estaban dando», dice el marino, que explica que la tripulación, compuesta por siete personas, «sale un domingo por la mañana y por la tarde ya hubo una alerta informando de que había tres pateras a la deriva en la zona SAR (área de búsqueda y rescate) maltesa».
Antes de que llegue el Aita Mari para prestar su ayuda, Malta autoriza a la embarcación para que actúe y SMH no duda un instante en ir al encuentro de una de las pateras. «El lunes por la mañana nos ponemos en contacto con una de ellas. A Malta le corresponde la coordinación del salvamento, esperamos directrices. A media mañana nos permiten darles chalecos y agua, y a última podemos embarcarles dada su situación», cuenta. 
Ayuda humanitaria en primera personaAyuda humanitaria en primera personaSe trata de un bote de goma en el que viajan 44 personas –libios, egipcios y en su mayoría subsaharianos, una niña de siete años y su hermana embarazada de 20–, deshidratados, con hipotermia, sin agua ni comida. El bote está a la deriva y de no actuar con rapidez se corre el riesgo de que mueran.
Malta ha decidido desentenderse, negarse a proporcionarles un médico y toma una decisión «que viola la primera ley del mar: el rescate de personas». No queda otra que «contactar con las autoridades italianas y, con los migrantes a bordo, tomar rumbo a Lampedusa, el puerto más cercano de nuestra posición». El barco deja en puerto a la niña, la embarazada y a su pareja y se dirige hacia Palermo (Sicilia) bajo las órdenes italianas. Allí se les desembarcará en un ferry que estaba fondeado en el puerto y en el que ya se encontraban los migrantes del barco alemán Alan Kurdi, que a su vez había rescatado a cerca de 150 personas.
«A nosotros nos meten en un fondeadero. Echamos el ancla y tenemos que pasar una cuarentena. Se hizo el test del coronavirus a los rescatados y a nosotros. Dimos negativo», recuerda. Los migrantes serán repartidos posteriormente en centros de internamiento.
Ayuda humanitaria en primera personaAyuda humanitaria en primera personaLos lances no acaban ahí. Italia realiza una inspección totalmente arbitraria que comenzó en su día con el Alan Kurdi y continuó con el Aita Mari. «Todas las ONG van a pasar por este tipo de política. Una inspección que ahora, tras la estrategia Salvini, busca retener a los barcos y minarles en el tiempo y en la economía», afirma el patrón.
Del 6 de mayo al 26 de junio, el Aita Mari queda varado, esperando a que las autoridades desbloqueen la situación y la tripulación pueda regresar a sus casas. «Los inspectores que certificaron los papeles del barco enEspaña nos han defendido. El resto de la administración ha estado en silencio, hasta que se puso a negociar con Italia. Una respuesta tibia y nada contundente», expone Fernández. 
Finalmente, Italia permite que la tripulación zarpe hacia España pero, a todos los efectos, el barco «sigue estando retenido. Hay que hacer unas reformas y pasar una inspección en un país tercero para levantar la retención». 
Ayuda humanitaria en primera personaAyuda humanitaria en primera personaLa embarcación humanitaria  logra finalmente zarpar con esa premisa, cruza el Estrecho, se enfrenta a un mar embravecido en la costa de Portugal y el 10 de julio, por fin, llega al puerto de Pasajes.
Derechos básicos. «Nos dedicamos a evitar que la gente muera ahogada. Tengo mi opinión sobre los derechos de exiliados y refugiados, pero ni importa ni es interesante. Únicamente, como profesional del mar, debo socorrer a quien se encuentra en peligro en medio del mar. ¿El futuro de estas personas», se pregunta. «No está en nuestras manos. Una vez les desembarco en puerto les deseo lo mejor. No se si deben ser repatriados o no. Eso no lo decidimos nosotros ni SMH, pero lo que no podemos es negarles el derecho a la vida. Sin ese derecho fundamental, cualquier otro que pretendamos es innecesario», responde.
El conquense opina que Europa «está llevando una política de restricciones, aprovechando el Covid, de reducción de derechos a la hora de ejercer nuestro trabajo libremente y de restringir los derechos de los migrantes, que son peones en una batalla de ajedrez en la que se juegan los intereses de los países».
Ayuda humanitaria en primera personaAyuda humanitaria en primera personaComo ejemplo indica que Malta «ya no atiende a rescates, ha montado una flotilla de mercenarios que interceptan a las pateras para entregarlas a los guardacostas libios e, inclusive, hay acuerdos para que Libia se salte las zonas de rescate de Malta, les atrape, les devuelva en caliente a su país, en estado de guerra permanente, y les niegue el derecho al asilo político».
Vaticina Fernández que la política migratoria de Europa «será muy dura y restrictiva. Se inventarán leyes para dificultar el proceso de rescate y de denuncia, puesto que lo que está sucediendo en el Mediterráneo central comienza a ser un genocidio», sentencia, y lo justifica porque «se está dejando morir a gente intencionadamente por pertenecer a un grupo social, el de los pobres».
En este punto insiste en la «obligación de socorrer. Sería impensable que fuésemos por una carretera, viésemos un accidente, y no auxiliásemos. Más impensable sería que llamases a un servicio público de ayuda y te dijesen que no van. En el mar está pasando esto, que es denegación de auxilio».
Ayuda humanitaria en primera personaAyuda humanitaria en primera personaEl capitán lo tiene claro. No cabe otra razón que «seguir defendiendo y luchando por los derechos de los refugiados». Al fin y al cabo, «ahora son ellos los exiliados pero un día lo fuimos nosotros. Defender sus derechos es defender el derecho de todos». 
Por esta razón, y a la espera de que el Aita Mari vuelva a surcar las turbulentas y agitadas aguas del Mediterráneo central, subraya que «no podemos ser cómplices del genocidio y de la política migratoria que está provocando la Unión Europea. Solo pedimos seguir trabajando y luchar para que nos dejen rescatar de manera libre. Debemos ser testigos y denunciar lo que está pasando».


Más fotos:

Ayuda humanitaria en primera persona
Ayuda humanitaria en primera persona
Ayuda humanitaria en primera persona
Ayuda humanitaria en primera persona