TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


El Gobierno anda despistado, como la oposición

Los titulares de los periódicos de todo el mundo se angustian ante los avances del coronavirus, que, a los riesgos para la vida de los ciudadanos, suman anuncios de potenciales catástrofes económicas: tiemblan el turismo y las bolsas, las mascarillas se agotan en las farmacias. Hacía muchas décadas que no se vivía una crisis de pánico así y, con razón o sin ella, las gentes están seriamente preocupadas. Y, sin embargo, aquí, en España, mantenemos la vieja táctica de que nada pasa: ¿ha escuchado usted alguna alerta gubernamental, algún plan interministerial convincente, para hacer frente a la enfermedad? Yo tampoco. Solo este martes, o sea muy tarde, se produjo una primera reunión gubernamental para definir protocolos ante el avance de la potencial pandemia.

He visto, eso sí, que el ministro de Sanidad, que habría de hallarse en otros afanes, aunque solo fuese por cosmética política, formará en cambio parte este miércoles de los muchos miembros del Ejecutivo que iniciarán una negociación 'de gobierno a gobierno' con la Generalitat de Catalunya. Una negociación que todos saben que conducirá a ninguna parte, excepto a mantener el despiste que caracteriza a este aún flamante gobierno de España. Y de la oposición ya ni hablamos, claro.

Atentos a un reparto de poder que pasa incluso por colar al responsable de la Agenda 2030 en la comisión delegada del gobierno para asuntos de inteligencia o a forzar las máquinas legales para que la ministra de Igualdad -que es mucho más que una ministra, claro- pueda alzar su voz triunfante el próximo 8 de marzo, día internacional de la mujer, los responsables de llevar el timón del barco descuidan lo importante. Hay boquetes en el casco en política exterior, en seguridad, en las instituciones. Y no digamos ya en lo referente a Cataluña: esa desgracia ambulante que es Puigdemont lanzará este sábado un nuevo desafío, que supera los límites de lo nacional, desde Perpignan, sin que desde el gobierno central, ya digo que pendiente de la taula negociadora, se registre movimiento o reacción visible alguno.

Y menos mal que, a última hora, en el Consejo de Ministros de este martes, se arbitraron medidas para sofocar algo la ira de los agricultores, cuestión que inicialmente se llevó de manera pésima y que ahora el ministro de Agricultura va, parece, enderezando. Veremos.

Supongo que estas críticas, tan obvias, a la acción o más bien inacción gubernamental deberían copar el grueso de la agenda y de las acciones de la oposición. Pero los partidos de la oposición están demasiado ocupados sacudiéndose de lo lindo, casi en público -Casado con Alfonso Alonso, Arrimadas con Igea, por poner dos ejemplos que aún, aún, dejan fuera a Vox-, como para fijar su atención en minucias tales como la marcha algo errática de la gobernación de la nación. Andan nerudianamente como ausentes.

Decir que la situación política española precisa, en general, de un viraje en las prioridades, en los conceptos, en las trayectorias, en las actitudes, es también, supongo, una obviedad. Pero es, lamentablemente, una obviedad que nadie dice, fijas todos las miradas ombliguistas en la corteza que no deja ver el árbol, y ya del bosque no decimos nada. País.