Hasta San Antón, Pascuas son

J. López
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La popular barriada conquense vive este viernes una de las tradiciones más populares de la capital, la entrega de panecillos a las puertas de la iglesia parroquial y la bendición de animales que se oficia por la tarde en el jardincillo

La panadería La Golodrina elabora 22.000 panecillos - Foto: Reyes Martínez

Dice el sabio refranero que «hasta San Antón, Pascuas son» o aquello de que «por San Antón, se acabó el turrón». Fieles a la tradición, miles de conquenses se apostarán este viernes en las puertas de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Luz, en el popular barrio conquense, para hacer fila desde primeras horas del día y recoger los tradicionales panecillos bendecidos del santo que se elaboran con harina, azúcar, sal, manteca de cerdo y anisillos o matalauva. 
Hasta 22.000 panes pequeños de ese sabor característico –este año serán elaborados por la Panadería La Golondrina– se repartirán a lo largo del día, tres por persona al menos, en la calle San Lázaro. Así lo confirma el encargado de Servicio de Protocolo del Ayuntamiento de Cuenca y responsable de que la fiesta se cumpla a la perfección durante la jornada, Chema de la Cruz, quien recuerda que a las 11 de la mañana se realizará una misa con la presencia de miembros de la Corporación municipal y a las 12 de la mañana se efectuará el primer reparto de panecillos. Como reza la costumbre, a las cuatro de la tarde se efectuará la procesión por las calles aledañas del barrio y a las cinco está prevista la bendición de animales en el jardincillo de la Avenida de la Virgen de la Luz. El párroco Ángel García, hisopo en mano, es el encargado de arrojar las lágrimas benditas sobre las numerosas mascotas. 
Es entonces cuando se efectúa el segundo reparto de panecillos. Precisamente, la Concejalía de Festejos, a instancias del concejal Adrián Martínez, ha previsto entregarlos en bolsas biodegradables a los que lleven a sus animales de compañía, contribuyendo así a frenar la contaminación. 
De la Cruz reconoce que alguno que otro decide volver a la fila y recoger de nuevo los cinco panecillos de la Caridad. Otros echan en las bandejas de la limosna algunas monedas para contribuir al notable gasto –cada panecillo tiene un coste cercano a los 0,30 céntimos– y hay quien deja manos de cerdo. Y es que, recuerda, «San Antón, santo francés, santo que no bebe vino. Lo que lleva en los pies es un gorrino».